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Migración, tema que Estados Unidos deja irresoluble

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Trump le fascina nadar a contracorriente sin medir las consecuencias. Su última aventura se dirige al tema de la inmigración en su país, pero lo distorsiona profundamente. Una iniciativa de ley que emergió del Senado busca restringir el flujo en un 41% en el primer año de vigencia y al menos en 50% en diez años la entrada de extranjeros. De inmediato recibió el apoyo entusiasta del presidente Trump, quien la hizo suya.

Algunos opinan que el texto podrá pasar sin contar con el Presidente. Otros, que no llegará a ley. Falta afinarlo y, más importante aún, resolver incongruencias que contiene tanto con legislaciones en vigor que habrá que respetar como en cuanto a los intereses locales que afectaría. Más que nada, empero, es que la economía norteamericana sufriría de manera insospechable.

Un argumento importante que el Presidente maneja es que la inmigración no ha aportado más que los peores elementos de cada sociedad. A la inmigración, Trump atribuye, sin discriminar, la ola de violencia, la proliferación de la drogadicción, además de una severa pérdida de empleos.

La primera actividad en perjudicarse con la reducción del flujo inmigratorio es la agricultura, y muy particularmente, la de frutas y legumbres que sin la mano de obra barata, casi totalmente extranjera, podría desaparecer.

Por la importancia que tenemos los mexicanos dentro de la estructura social de ese país, donde en 2010 representamos 29% de los 40 millones de la población extranjera, se entiende que la medida que busca bajar el número de inmigrantes tiene un claro destinatario que es el mexicano y sus familias. El asunto, sin embargo, encierra aspectos más trascendentes.

La demografía indica que el crecimiento de la población norteamericana no tiene la pujanza necesaria para asegurar el nivel de actividad, medida en producción, que ese país requerirá para sostenerse como primera potencia económica y militar mundial. Estudios demográficos revelan que los países industrializados son los que más dependen de inmigrantes, familias de amplia fertilidad, para siquiera mantener su misma existencia como sociedad. Como se está viendo en Europa, la inmigración es indispensable para la sobrevivencia. 

Una acción que tenga el propósito de reducir drásticamente la llegada de inmigrantes confirma la intención de Trump de aislar a su país de todo factor externo que su imaginación le presente como negativo, pero el afán de poner América primero, tiene una consecuencia fatal que no toma en cuenta .

La política antiinmigración es contraria a la experiencia de Estados Unidos que, aunque ocioso es repetirlo, es un país donde incluso sus capas directivas son nietos si no hasta hijos de inmigrantes. El abuelo de Trump, por ejemplo, no habría sido admitido de estar en vigor los tres criterios declarados como requisitos.

El exigir conocimientos del idioma inglés es una exigencia ociosa. Aprender el idioma es tarea que cualquiera alcanza a nivel práctico en breve lapso. El que el inmigrante deba tener un adecuado nivel de estudios va en contra de la verdadera urgencia que tiene Estados Unidos de obtener mano de obra simple, para los puestos menos exigentes desde el punto de vista académico.

La tercera condición, autosuficiencia económica, es risible. Todo inmigrante tiene una posición económica en crisis y su primer propósito es ponerle remedio. Pedir capacidad de autosostenerse equivale a prever que el solicitante tenga parientes o una institución que lo avale, lo que significa engrosar la comunidad preexistente de inmigrantes, lo que precisamente Trump quiere evitar. 

El tema de la migración es quizá el más complejo dentro de los muchos que se presentan en la esfera internacional. Asomarse a él requiere una vasta dosis de comprensión y compasión humana, profunda experiencia en la solución de sus problemas y una capacidad para prever el mundo de los próximos años en el que la mayoría de los jóvenes actuales tendrá que vivir. 

El tema de la migración no es asunto sólo de uno de los países que compartimos el continente americano. Es asunto que nos interesa a México, Centro y Sudamérica. Las turbulencias en otras áreas por ahora remotas bien pronto podrán plantearnos situaciones.

Se trata de transformar la migración en un fenómeno positivo, como lo ha sido a lo largo de los muchos milenios en que ha sido forjador de civilizaciones. Europa lo entiende como factor para crecer. El papel de México es promover ese proceso positivo tal y como lo hace Europa.