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México frente a sus retos

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Los problemas que México tiene para conquistar una posición destacada en la intrincada coyuntura económica internacional actual son sencillos si los comparamos con los de organizar el desarrollo socioeconómico interno. En efecto, a los retos de los mercados internacionales se responde con estrategias inteligentes de negociación respaldadas por ventajas competitivas apalancadas en sólidas estructuras productoras.

Por su parte en lo interno, México está padeciendo en estos momentos repetidas olas de violencia criminal que emergen de su raquítica escolaridad, del alto desempleo que es fácil presa de tráficos de drogas y personas, todo ello solapado dentro de la corrupción impune. Las maltrechas instituciones socioeconómicas, así contaminadas, se proyectan en una pantalla de mensajes equívocos, descoordinados y de general alarmante incompetencia.

Ante este desolador panorama, el fortalecimiento de nuestro comercio exterior sería un poderoso apoyo ofreciendo capacitación y empleo. Aquí es donde la red de convenios y tratados económicos que los últimos gobiernos han ido tejiendo puede encauzarnos por vías geopolíticas y económicas llenas de insospechadas oportunidades.

Ahora que hay incertidumbre sobre la forma en que el TLCAN será tratado en las inminentes renegociaciones trilaterales, se aprecia el potencial desaprovechado de los tratados que hemos suscrito. Tan es así que la sola amenaza de la desaparición de las preferencias aduanales con la desaparición o reforma del TLCAN inquieta sobremanera a la comunidad económica mexicana. De paso se expone la exagerada dependencia de la economía norteamericana que México se acentuó  desde 1994. 

Las magníficas perspectivas latentes en los muchos otros tratados comerciales no explotados por nuestros hombres de negocios prometen ser una buena parte de la solución a nuestro débil crecimiento del PIB actual. Aumentar significativamente el volumen y valor de nuestras exportaciones requiere, qué duda cabe, información y buena mercadotecnia.  Pero ello no es suficiente.

No hay escapatoria. Para hacer frente a los retos del mundo moderno, México tiene que seguir con toda conciencia los pasos ineludibles para su cabal desarrollo. Los apoyos fiscales y financieros, donde por cierto, somos escuetos, tampoco bastan. El ingrediente más determinante para unir los recursos disponibles está en una infraestructura mental nacional íntimamente sintonizada a metas ambiciosas concebidas en términos de horizontes de grandes realizaciones colectivas.

México no cuenta con suficientes promotores de larga visión, ni privados ni públicos. Frenado en hondos reductos, el típico mexicano no es acometedor, comercialmente aventurero, para labrarse grandes nichos de éxito. Salvo pocas y sin duda importantes excepciones su dimensión es modesta respecto a grandes retos. El resultado está a la vista: un magro ritmo de crecimiento sin pujanza que desmiente la demanda potencial de una población de 120 millones, tendría que multiplicarse ser un importante múltiplo del actual.

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El país ha perdido muchas décadas mal usando su contingente humano que creció cuatro veces en cincuenta años. No tiene sentido hablar del “bono demográfico” si en lo laboral la arrolladora politización de las organizaciones sindicales sólo sirvió para sostener un partido adueñado del poder que no se preocupó por construir los imprescindibles canales escolares de capacitación popular.

Las confusiones del momento actual que se dan en los países que hasta ahora difundían imágenes de claridad y congruencia nos distraen desde muchos flancos económicos y políticos. En lo interno un empresariado laxo en objetivos, coincide con un sector popular desatendido y condenado al ambulantaje, todo ello acentuado por un gobierno incapaz de inspirar a sus conciudadanos hacia un esfuerzo concertado.

Todavía es tiempo para reducir la coyuntura a sus componentes, y encargar cada solución a individuos inteligentes y probos cuyas propuestas sean escuchadas por la máxima autoridad. El proceso se alarga y dificulta si seguimos buscando pretextos para no actuar y montando comisiones y entidades investigadoras o de estudio.

Hay que ser tercos en seguir los dictados del sentido común, sin complicaciones, atentos a resolver de inmediato lo que se presente, sin los acostumbrados autoengaños, con bélica valentía. Sin estar tan atentos a las imposiciones que vienen de fuera, especialmente del impredecible septentrión.