Diez millones

Los juegos de artificio

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Hace unos meses, se abrió un divertido, aunque peligroso, juego, el de los artificios que va inventando el jefe de nuestro país vecino del norte. Hay que tomarlos tanto a su valor virtual como a su valor especulativo. Sean cualesquiera sus dimensiones, los futuros de ambas naciones están en las nubes de la imaginación… en tanto aterricen.

El miércoles 25, se dieron en espejos sucesivos ambas imágenes. Paralelos, sobrepuestos, pero diametralmente distintos. Hologramas de realidades por asentarse: el astuto negociador anuncia salirse del TLCAN, contradice luego su movida y, desconcertante, llama por teléfono a sus colegas, Enrique Peña Nieto y Justin Trudeau. La negativa matutina se ajusta. No... Ustedes tienen razón. Mejor modifiquemos el Tratado.

Ha ganado un punto. Cediendo, la generosidad fortalece su mano. Quedamos tranquilos. El peso se relaja; la Bolsa respira. El jugador descansa y alista la siguiente tanda.

El mundo habrá que aprenderle. Lanza misiles a Siria para el aplauso de la galería de intransigentes, avisando al valedor ruso. Es la alerta para negociar.

En otra parte del mundo, reta a Norcorea. El aludido lo toma serio y responde con vistosa artillería costera y un video virtual donde se bombardea a la Casa Blanca. El jugador encuentra su infantil pareja. Las fintas recíprocas se multiplican. Otra maniobra falsa, la naval que va a Australia, pero que se dirige al Mar de Japón. Los centros de la diplomacia convencional se alarman.

De verdad, hay que saber cuándo se le toma en serio al negociador juguetón que quiere regalarle a su ansiosa galería expectante siquiera unos éxitos en los primeros 100 días, aunque a costa de las plateas timoratas.

En México, los institucionales nos preocupamos porque no nos gustan los juegos. Nos tomamos muy en serio y somos hasta solemnes, especialmente cuando se trata de dudar de la radical desconfianza que la historia nos enseñó hacia todo.

Por eso la cuestión del TLCAN nos puso serios. Seguro que alinearemos todo el arsenal para que no se vacile con el tema. Quizás un poco de buen humor faltaría, combinado con golpes secos a la economía del negociador, ahí donde duela. Tampoco se siga jugando con el muro. Nadie cree que sirva, pero no hay tolerar que la avaricia de algún mexicano bromee con estar interesado en levantarlo.

¿Qué hacemos ante las complejidades del desorientado gobierno de Trump? Desde luego seguir tozudamente de frente en nuestra ruta de buscar nuevos horizontes de exportación, ampliar los éxitos de la agricultura de frutas, legumbres y flores, recuperar la autosuficiencia alimentaria perdida y así recobrar soberanía, recomprar las industrias y la banca vendidas a extranjeros y aprender las nuevas técnicas cibernéticas para dejar de ser aprendices y subordinados. Darnos a respetar.

Aquí está el detalle. Mientras no extirpemos la mentalidad de la transa, no gozaremos de respeto ni de nosotros mismos. Menos del de otros. La confianza es componente indispensable para triunfar en el mundo que nos envuelve.

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Hay una coincidencia que une al negociador-jugador de Washington con algunos mexicanos. Aunque aparenta un propósito patriótico, en realidad la verdadera convicción de Trump es su ciega fe personal en las bondades de la libre empresa. Muy en el fondo nuestro gobierno actual y el grueso del empresariado también creen en las virtudes de la libertad de mercado como el único motor válido del desarrollo económico y social de los pueblos.

Donald Trump todavía convence a sus leales con alardes populistas de corte nacional. Aquí nuestros votantes están cansados de los engaños del gobierno. No quedan restos de la confianza que alguna vez se tuvo y mucho menos de sus dudosas estrategias.

Ni Trump ni los actuales políticos mexicanos perdurarán. Mientras cambien las cosas la inaplazable tarea de la sociedad civil y de los empresarios está en fortalecer el aparato productor agroindustrial y de servicios asegurándose de ser dueños responsables que no sigan abandonando nuestro desarrollo y nuestro empleo a intereses ajenos a México

Nuestro contrincante es astuto. Hasta ahora, sólo prevemos defendernos. Esto no basta. Hay que crear nuestra propia estrategia que vaya más allá de lo hasta ahora conocido. Es el momento de sumar talentos.