Diez millones

Las redes sociales y su abuso

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Las redes sociales que se extienden por todo el mundo se destacan como medios de comunicación rápida y directa. Son ampliamente utilizadas como instrumentos exclusivos de muchos sectores de la opinión pública, particularmente el de los jóvenes y adolescentes. Numerosas figuras políticas, académicas, artísticas y hasta religiosas se han inscrito en una o más redes para que sus mensajes lleguen directa y fielmente al segmento de audiencia de su interés.

Pasar de un simple instrumento de comunicación que emplea tecnología avanzada a ser un medio por el que se transmiten mensajes con un determinado objetivo fue un primer y fácil paso. El número de mensajes creció de manera exponencial. Pero la excusa de abreviar los mensajes a un máximo de caracteres atrofió el buen uso del idioma, introduciendo abreviaturas, términos de otros idiomas y signos arbitrarios, convirtiéndolo todo en una babel de distorsiones.

La amplísima cobertura de las redes sociales las ayudó a difundir mensajes simples y superficiales, pero su naturaleza igualadora de méritos las inhabilitó para servir de plataformas políticas definidas en las campañas electorales.

Por esta razón, las redes son ineficaces para expresar ideas estructuradas o conceptos completos, ya que su limitada comunicación sólo los lleva a enviar mensajes elementales, escuetos y de fácil comprensión.

Al carecer de normas para su buen uso, las redes devaluaron su utilidad inicial, al grado de quedar en ser simples transmisoras donde predominan rumores, verdades “alternativas”, descalificaciones personales y de políticos, ataques y reclamos, abusando con ello del derecho a la expresión.

Instrumentos de desprestigio político y de personajes públicos, convirtiéndolos en blanco de desprestigio y escarnio. Las redes se han convertido en instrumentos en los que brilla una total ausencia de la ética y el respeto a las normas elementales de sana convivencia.

Tanto Facebook, Twitter, Instagram y otras redes sociales sirven a la diversidad de usuarios para difundir sus muy personales puntos de vista y posiciones, frecuentemente conflictivas y contradictorias, al servicio de los que ganan influencia y poder sembrando confusión y pesimismo que de por sí existen en nuestra sociedad. El grueso del tiempo que ocupan difundiendo rumores es desproporcionadamente alto comparado con la baja calidad informativa.

La intención original de las redes sociales fue usarlas como simples vehículos de comunicación entre individuos. Sin embargo, se las ha destinado a transmitir temas sobre asuntos personales, sociales o nacionales de manera contestataria y hasta agresiva, sin distinguir verdades de mentiras, bondades de vicios. El que todo mensaje goce del mismo valor que cualquier otro, lo nivela todo sin que uno pueda valer más que otro. La “horizontalidad” de las redes las reduce a una simple transmisión plana de datos y opiniones sin valoración. Por la naturaleza indiscriminada de la red, todas las noticias gozan de la misma jerarquía de credibilidad.

El intercambio de noticias u opiniones que normalmente realizamos en nuestra relación con otros establece un proceso dialéctico que aboca en un resultado a favor o en contra de una aseveración tan precisa y clara como el talento permita. Esto no es el caso en las redes, en las que intencionadamente el intercambio de mensajes no busca decisiones.

Vista así, la actividad, a veces intensa, que bulle en las redes sociales no aporta sino más confusión a las graves incertidumbres en que vive la sociedad moderna.

Por otra parte, el poder de convocatoria y reclutamiento de las redes sociales es indudable. A ellas se deben las grandes  movilizaciones civiles  que llenan plazas, arrasan  avenidas, cuestionan y exigen la atención de los presidentes y primeros ministros con históricas insurrecciones populares como la Primavera Árabe, la defensa de una Ucrania independiente, el inesperado Brexit en Gran Bretaña y las marchas de la oposición en Venezuela.

La comunidad mexicana se encuentra en una etapa de dudas y un sinfín de preguntas sin respuestas. Se hace indispensable comprender el estado sicológico de nuestra sociedad.  Desafortunadamente, las redes sociales tal y como hoy se nos presentan, babel de pareceres, no ayudan a discernir soluciones. Se inspiran más en des-construir en vez de construir la unidad nacional.