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Se repite hasta la saciedad, en política, la forma es fondo, apotegma de Jesús Reyes Heroles. Lo cierto es que el Revolucionario Institucional no tiene fondo, tiene vacío. No puede haber política sin ideas, sin principios, sin cultura 

Un partido para sí mismo.
Jesús Silva-Herzog Márquez

Toda organización política tiene dos fines: realizar ideales y alcanzar el poder. Si estas prioridades se invierten, deja de ser instrumento al servicio de la sociedad y se convierte simplemente en medio para satisfacer ambiciones personales.

Se repite hasta la saciedad, en política, la forma es fondo, apotegma de Jesús Reyes Heroles. Lo cierto es que el PRI no tiene fondo, tiene vacío. No puede haber política sin ideas, sin principios, sin cultura. En los discursos de la reciente asamblea priista no hubo reflexiones históricas ni remembranzas de los forjadores del otrora partido del nacionalismo revolucionario. “El primer priista de México” parafraseó a Woodrow Wilson (lo que beneficia a la General Motors beneficia también a Estados Unidos) al decir: “Si gana el PRI, gana México”. Muy triste tener que acudir a un mandatario estadunidense cuando hay una riqueza extraordinaria en el pensamiento del PRI.

Una de las necesidades más urgentes es darle calidad al Poder Legislativo, al debate parlamentario, a la cultura política. Los congresos mexicanos, federal y locales, presentan hoy un espectáculo bochornoso por sus graves errores y carencias. Si los partidos continúan viendo en los cargos de representación popular la forma de satisfacer cuotas, de premiar militancia, de pagar compromisos en lugar de postular gente con un perfil parlamentario, nuestro proceso de consolidación democrática será cada vez más tortuoso.

Los senadores y diputados de representación proporcional fueron concebidos para que los partidos propusieran a sus mejores cuadros, para defender sus plataformas electorales, sus principios y sus propuestas. Ya quisieran las legislaturas actuales llegarle siquiera al tobillo a nuestros grandes legisladores de otros tiempos. Prohibir el denominado chapulineo sólo obedece a la mediocridad de quienes pugnan por meterse a la cola para arribar al cargo. Es una infamia al PRI de otros tiempos que esta propuesta proviniera de José Murat Casab, “connotado intelectual, teórico político, con un expediente impecable de entrega al servicio público”.

Una organización política que incurre en prohibiciones, en requisitos, en procesos complicados, únicamente refleja falta de confianza en las personas, una presunción de mala fe y, lo más grave, proteger intereses individuales.

La mesa sobre escenarios del futuro provocó la hilaridad de muchos. En el cuarto adjunto seguramente tenían a brujos de Catemaco, pitonisos de Chalma, lectoras del Tarot, quienes constantemente pasaban a los oradores tarjetas para sustentar sus ambiciosas propuestas. No es función de los partidos hacerle al profeta.

El PRI no puede superar su cultura vertical, su paciente espera de la consigna, su adelantada obediencia a las órdenes. No ha retornado a las viejas prácticas, es la decadencia total. Todo le sale mal, hasta su propuesta de luchar contra la corrupción, cuando a cada rato surgen escándalos de los que no tengo espacio para dar cuenta. Nunca se había despreciado tanto a la militancia como en esta ocasión. Se simularon consultas, se ahogó todo intento de confrontación de ideas. Prevaleció la voluntad superior.

Adolfo Ruiz Cortines insistía en una frase que sería un gran desafío al PRI de hoy: “Hay que sobreponer el amor patrio al amor propio”. Eso es entender la responsabilidad de una institución que está más allá de las aspiraciones de sus militantes.

Es un enorme desafío para el PRI remar contra la corriente. Es un enorme lastre el que se impuso en su reciente asamblea. El año próximo deberá acudir a las muchas mañas en las que es experto, ante la ausencia de argumentos e ideas.