Diez millones

Mística y esperanza

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Nuestra más grave crisis radica en el terreno de lo espiritual, consiste en el desaliento moral, que nos hace tener miedo para emprender grandes tareas

Vivimos tiempos de gran confusión. Lo que nos espera no es, precisamente, para alimentar el optimismo. Uno de los refugios a los que se puede acudir para aliviar un poco el malestar y las inquietudes es la lectura. Para mí, es una de las mejores formas de invertir el tiempo.

En muchas ocasiones me he encontrado con citas del pensador católico Charles Peguy (1873-1914) y con grandes elogios a sus obras. Me di por ello a la infructuosa tarea de conseguir sus libros más mencionados. No los hay ni en las librerías mejor surtidas ni en las de libros viejos. Acudí a la Fundación Preciado Hernández, donde se ubica la biblioteca del Partido Acción Nacional, atendida diligentemente por Jesús Garulo, quien me consiguió tres obras del mencionado autor, donadas por dos extraordinarios seres humanos con los que cultivé amistad: Carlos Castillo

Peraza y Francisco Calderón. Una magnífica coincidencia que me permite seguirles agradeciendo su generosidad.

Qué hermoso, qué bello es descubrir un buen libro, a un buen escritor que transmite mensajes valiosos e intensamente humanos: Seminario, Nuestra juventud y El pórtico del misterio de la segunda virtud.

Vayan algunos pensamientos de estos textos:

“Un alma muerta

es un alma que ha perecido bajo un cúmulo de su hojarasca, de su burocracia.

“En el principio esperanza.

“La fe que amo más, dice Dios, es la esperanza.

“La fe es una esposa fiel, la caridad es una madre, la esperanza es una niñita de nada. Ella es pequeña, arrastra todo porque la fe no ve sino lo que es y ella ve lo que será. La caridad no ama, sino lo que es y ella ama lo que será.

“Gracias a la esperanza, lo que queda, queda listo para volver a empezar. Por eso ocupa un lugar único entre las virtudes. Hemos llamádola joven, la pequeña esperanza. Es esencialmente una contracostumbre.

“Jesucristo no nos dejó conserva de palabras para guardar sino que nos dio palabras vivas qué nutrir.

“Una religión del trabajo bien hecho y bien concluido.

“Movimiento republicano, la mística republicana.

“Son los pueblos los que hacen la fuerza y debilidad de los regímenes y, en mucho menor grado, los regímenes a los pueblos.

“El combate es contra los que odian la grandeza misma, contra los que se han constituido en sostenedores oficiales de la pequeñez, de la bajeza, de la villanía.

“Todo se explica. Yo diría más bien: todo se aclara.

“Todo partido vive de su mística y muere de su política”.

Por último, Peguy condena a “los que creen que están en lo eterno porque no tienen el coraje de lo temporal”.

Después de estas lecturas y otras más, me sentí reconfortado y por eso me permito transmitirte, amable lector, mi sugerencia de acudir a este tipo de escritores. Leer poesía de alguna forma sana el alma.

Octavio Paz decía que “la voluntad de futuro pone de pie a los muertos e impone un orden a sus obras”. Ciertamente, estamos sobre los hombros de las generaciones pasadas y eso nos permite que nuestra mirada se prolongue en el horizonte.

Asumo como un deber hablar de mística y de esperanza, pues en verdad nuestra más grave crisis radica en el terreno de lo espiritual, consiste en el desaliento moral, que nos hace tener miedo para emprender grandes tareas. Siempre será preferible arremeter contra los enormes obstáculos, como si en ello se nos fuera el último aliento, y no sentarse a ver cómo se sigue deteriorando nuestro entorno y nuestra sociedad.

No tan sólo se trata de buscar consuelo en lo que hemos heredado, sino de comprometerse a transmitirlo a las nuevas generaciones a las que a veces percibo como queriéndose fugar o de vivir con enorme prisa, ignorando lo trascendente y lo que alimenta el alma.