Diez millones

Crisis política

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Las instituciones están dañadas y por sentido común no se pueden deslindar del comportamiento de los hombres. No encuentro una solución para México, sino a través de un buen liderazgo. No deterioremos más nuestra vida política pretendiendo cambiar nuestra cultura a través de leyes

Donde crece el peligro,
                crece también la salvación
Friedrich Hölderlin

Ante los últimos eventos, se reaviva una práctica añeja: pegarle al funcionario, atacar a los partidos, degradar la política. No pretendo asumir la defensa de lo indefendible. México nunca había tenido una clase política tan mezquina, mediocre, deshonesta y falta de ideas, nos hemos ganado a pulso el desprecio de la gente.

En alguna parte leí que, según Aristóteles, Esopo salvó la vida a un demagogo corrupto de la isla de Samos, convenciendo al jurado de que, si lo ejecutaban, ocuparían su lugar otros aún más codiciosos. Lo logró contándoles la historia de una zorra que se negaba a sacudirse del lomo las garrapatas que ya se habían alimentado de su sangre, por miedo a cambiarlas por otras que estuvieran más hambrientas.

Latinoamérica ha sufrido retrocesos, generalmente precedidos por una crisis política; esto es, el descrédito, la desconfianza y la falta de entendimiento entre clase política y ciudadanía. Van algunos ejemplos:

En 2001, Fernando de la Rúa de la Unión Cívica Radical tuvo que escapar de la Casa Rosada en helicóptero ante protestas enardecidas. El grito era unánime: “Que se vayan todos”. Argentina padeció después el kirchnerismo durante 12 años y hoy enfrenta una crisis de la que intenta recuperarse. En 1990, Alberto
Fujimori
contendió contra Mario Vargas Llosa por la presidencia de Perú. El ingeniero de origen japonés se presentaba como un ciudadano ajeno a la política y a los partidos; su discurso convocaba a la confiabilidad, precisamente, por ser independiente. Su dictadura duró diez años y hoy sufre prisión por los delitos cometidos en el poder. Dos venezolanos ejemplares, Rómulo Betancourt y
Rafael Calderas, firmaron en 1958 el Acuerdo del Punto Fijo. Gracias a ello, Venezuela vivió varias décadas en la democracia. En 1999 los dos partidos más importantes, Copei y Acción Democrática, atravesaban por una profunda crisis. Hugo Chávez aprovechó la situación y asumió el poder. Venezuela está en el peor momento de su historia.

Los Somoza fueron terribles como dictadores en Nicaragua. Daniel Ortega, su otrora opositor, y su esposa no se distinguen hoy sustancialmente de aquella dictadura.

Guatemala padeció recientemente el desprestigio de su presidente, Otto Pérez Molina, quien hoy está procesado. Alcanzó el poder Jimmy Morales, un comediante, hombre sin mayores luces que en escaso tiempo ha perdido autoridad moral al verse involucrado en actos de corrupción.

Bien lo dice Héctor Aguilar Camín, hay algo peor que un político profesional, un político no profesional. En los años recientes me he dedicado a recorrer el país promoviendo dos libros de mi autoría: la biografía de Adolfo Ruiz Cortines y Cartas a un joven político. Son textos complementarios. Don Adolfo, sin ser demócrata, ejerció el poder con responsabilidad y talento; sin la participación de los jóvenes, la política profundizará su deterioro.

Las instituciones están dañadas y por sentido común no se pueden deslindar del comportamiento de los hombres. No encuentro una solución para México, sino a través de un buen liderazgo. No deterioremos más nuestra vida política pretendiendo cambiar nuestra cultura a través de leyes. El derecho no se puede hacer presumiendo la mala fe, requerimos hombres y mujeres con la convicción íntima de rescatar el honor y la dignidad de la política.

Hemos cometido muchos errores a raíz de nuestra transición hacia la democracia, será traición a México si nos equivocamos en las trascendentes decisiones que se nos vienen encima. No podemos hacer como la fábula de la zorra, resignándonos a alimentar a las garrapatas.