Diez millones

Seguir Continuando...

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Después de las derrotas electorales de septiembre pasado no faltan razones para afirmar que Acción Nacional está en crisis. Sin embargo, de acuerdo con diversos analistas de las crisis, podemos afirmar que es en ellas donde nace la creatividad, los descubrimientos y las grandes estrategias para superarlas.

Esas derrotas han representado también la salida de muchos oportunistas que ni en el fondo y aun a veces tampoco en la forma, nunca se interesaron verdaderamente por hacer propios los principios que desde su fundación ha sostenido el partido, por encarnarlos y ser congruentes con ellos, y fueron esas incongruencias con los principios básicos de nuestra doctrina las que nos llevaron al lugar que ocupamos ahora en la sociedad como fuerza política.

Es esa doctrina fue la que estuvo presente en los cimientos de nuestro instituto político y que lo ha sostenido, en las buenas y en las malas desde su fundación en 1939 y es ella la que, a pesar de todo, seguirá orientando nuestra larga marcha, nuestra “brega de eternidad”, que diría Gómez Morín, y que se fundamentan en el respeto por la dignidad de la persona humana, en su libertad para elegir democráticamente, en la honestidad, en la solidaridad, en la subsidiariedad y en el bien común como pilares de nuestra estructura ideológica.

Hoy, muchos de los que dejaron el partido después de las derrotas y que consideraron esos pilares como una especie de idealismo ridículo con el que, desde luego nunca aceptaron de verdad, por su número y a veces por su calidad aparente, hicieron ver como no auténtico al propio partido ante buena parte de la ciudadanía, pero hoy nos hacen el favor de dejarnos y con ello podemos pensar con la ligereza y la libertad que le da al barco la pérdida del peso excesivo en su trayecto, para retomar el rumbo.

Esa situación nos permite reflexionar, no sólo en el daño causado por los que ya no están, sino también por el de nuestra propia soberbia, por esa falta de humildad que hace perder la perspectiva y a veces provoca que algunos funcionarios, electos o no, se sientan inspirados por la ciencia infusa que les ha inyectado la diosa fortuna, en virtud del puesto que ocupan y que se hace patente también en nuestras incapacidades para el trabajo político.

Pero ahora tenemos nuestra propia crisis y con ella la oportunidad de retomar el camino, un camino en el que enfrentaremos obstáculos conocidos como la falta de autenticidad o como nuestras propias incapacidades, empezando por la soberbia, y para combatirlos debemos regresar al origen, no el de las vicisitudes ya superadas aunque de ellas debamos todavía tomar lecciones que quizás no hemos aprendido suficientemente, sino el de la previsión y provisión para el futuro tomando como piedra angular la confianza en que nuestros ideales son permanentes pero deben aterrizar en la realidad de cada día sin traicionarlos y, para ello, para reconstruir nuestra imagen partidaria con la ciudadanía habrá que trabajar, no solamente mucho, sino demostrando que tenemos las capacidades para retomar el poder sin perder al partido y finalmente, como dice el último párrafo del libro de Juan José Rodriguez Prats  “Soy panista”:  “Sí, se ha confirmado que es difícil hacer política con estos postulados, pero no hay otra salida. No hay más remedio que ‘seguir continuando’”.