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Alí Babá nos salvará

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Para los avances nacionales no hay espacio, la información se agota en ignorancia, miseria, crímenes cotidianos, corrupción e impunidad que indignan a la sociedad.

Sin excusar la grave responsabilidad de los de arriba, analicemos lo que tenemos y cuál ha sido el comportamiento de los de en medio.

Tenemos diversidad étnica y vestigios de antiguas culturas que el mundo admira, ubicación geográfica privilegiada, un pasado que enfrentó con valor agresiones externas, clima sin mayores extremos, una superficie más grande que la de España, Francia, Inglaterra, Italia y Alemania juntas, un potencial humano y económico inmenso, y lo que tantos países quisieran tener: más de 11 mil kilómetros de litorales con el abrazo eterno de los mares. ¿Por qué, pues, las calamidades?

Si amplios sectores sociales han dado la espalda a sus deberes cívicos y políticos, con la falacia de que “la política es necesariamente corrupta y para corruptos”, hoy no deben llorar si los pillos los tienen así y les cantan mil promesas y mentiras. La indecencia e incompetencia en el ejercicio del poder no se daría sin la indiferencia, sumisión y desvergüenza de muchos gobernados, principalmente de arriba y clasemedieros. ¿Cuántos gritan “¡cambio!”, y están prestos al acomodo?

La falta de auténticos ciudadanos impide sanear la vida pública, fortalecer las instituciones, hacer valer la ley y garantizar los derechos de la población. Eso sí, las campañas electorales nublan el cielo de dádivas, promesas y soluciones simples y voluntaristas.

Cierra el círculo un MESÍAS. Es un viejo político nacido, criado y educado en la más pedestre tradición oficialista; sin ideas, con mucha ambición y mantenido con dineros públicos y otros desconocidos, va por un atajo sinuoso pero eficaz: se deslindó de su pasado, dice luchar por los pobres (entre más haya mejor para él), hace alarde de pobreza material envuelto en “honestidad valiente” (como si hubiera honestidad cobarde), transfigurado en cómico involuntario con su dedito distingue a los puros de los impuros, abolirá la pobreza y la corrupción y, para lograr la República Amorosa, ante banqueros en Acapulco perdonó a “la mafia del poder”. Es limpio e incorruptible, jamás toca dinero bien o mal habido, carece de todo, pero explota el malestar social y se hace acompañar por un número indeterminado de pillos que a escondidas recogen dinero ilegal “para la causa”. Cuando son sorprendidos, él responde que lo esculquen, que es pobre y ama a los pobres, que “no miente, no roba y no engaña”, que son trampas de “la mafia en el poder”.

Ese MESÍAS“salvará a México”, un ALÍ BABÁ con “autoridad moral”, que se distingue de otros porque las fechorías que lo benefician están a cargo de sus 40 —o más— ladrones.