Diez millones

El Recuento de los daños en la elección

Ratio: 0 / 5

Inicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivado
 

El resultado de las elecciones de este 2017 aún están muy frescas cuando se escriben estas líneas. Fueron muy reñidas en las que, para variar, la sociedad termina polarizada y los partidos llevan a cabo una batalla mediática y legal que la gran mayoría de los analistas políticos ya habían pronosticado.

Los vaticinios sobre quien ganaría las elecciones dependían de quien fuera el analista y su inclinación política, más que de estudios o encuestas serias.

Asimismo, las predicciones que las casas encuestadoras hicieron ofrecían resultados contrastantes pues, también, dependiendo de quién pagara la encuesta era el partido o candidato ganador.

Pero todos, de una o de otra forma, pronosticaron una contienda muy reñida. ¿Pero cual fue el resultado?

Primero hay que entender que los 3 estados donde se elegiría gobernador tenían condiciones estratégicas diferentes para el partido en el poder.

El Estado de México es considerado por muchos analistas como la joya de la corona por su enorme padrón electoral (11 millones 258 mil 125 electores), el mayor del país, por su enorme capacidad financiera ya que ahí se genera el 9.5% del PIB de la república (la segunda entidad con mayor participación) y un enorme valor simbólico porque de ahí es el grupo político que actualmente gobierna el país, de ahí es el Presidente de la República.

El estado de Coahuila territorialmente es de los más grandes del país, pero su valor en votos se encuentra muy por abajo del Estado de México, su padrón electoral es de 2 millones 64 mil 346 electores.

Coahuila es uno de los estados de la república que a finales del sexenio de Felipe Calderón, y durante todo el de Enrique Peña Nieto, obtuvo mucha visibilidad primero por el enfrentamiento que hubo entre el entonces gobernador Humberto Moreira y el presidente Calderón, en el cual Moreira se oponía a que en Coahuila el ejército y la marina entraran a perseguir a los narcotraficantes.

Poco tiempo después salió a la luz pública el increíble y grosero endeudamiento que durante el gobierno de Humberto Moreira se llevó a cabo con documentos y procesos falsos, que a decir de muchos una buena parte de ese dinero sirvió para financiar la campaña de Peña Nieto para obtener la Presidencia de la República.

Se dice dentro del PRI que era obligado ganar, a como diera lugar, la gubernatura de Coahuila porque de otra forma quedarían expuestas todas las trapacerías que los hermanos Humberto y Rubén Moreira cometieron en sus respectivas administraciones, el primero desviando recursos hacia su bolsillo y para la campaña de Peña Nieto además de que se sospecha que el mismo Humberto dirigía o dirige una extensa red de delincuencia organizada que incluye el narcotráfico y Rubén Moreira impuesto por su hermano Humberto como gobernador, con la finalidad de cubrir sus trapacerías y que terminó endeudando más al estado.

Nayarit es pequeño y desde el punto de vista del PRI no debería haber representado un problema con un poco mas de 800 mil electores. Para el PRI, la gran ventaja que tenían en los tres estados donde se elegiría gobernador era que en los tres el PRI era gobierno, lo que facilita mucho la operación política y el manejo de recursos estatales y federales para influir en la intención del voto ciudadano.

Una gran ventaja adicional que el PRI consideraba tener, era que en el Estado de México y Coahuila nunca ha habido alternancia lo que le suponía una base amplia de voto duro priista.

En Nayarit las condiciones eran muy similares pues ya hace casi 12 años el PRI recobró la gubernatura después de un único sexenio (1999-2005) en el cual el PAN, en alianza con el PRD y el PT, gobernó la entidad. Ahora el partido en el poder consideraba que el control de las estructuras políticas en el estado se había consolidado en los últimos años.

En condiciones normales las elecciones en estos tres estados para el PRI deberían ser un mero trámite, pero  como "el presente es la suma de todos los hechos del pasado" o como decía mi madre "siembra vientos y cosecharás tempestades", el PRI enfrentaría las elecciones del 2017 en condiciones muy desfavorables las cuales fueron producto de la suma de todas las prácticas de corrupción que se puedan imaginar por parte de los gobernadores priistas y sus equipos, pasando por toda suerte de delitos y asociaciones delictuosas.

Y para poner la cereza al pastel, en muy poco tiempo antes de que se lleven a cabo las elecciones caen presos 3 connotados priistas: en marzo del 2017 en los Estados Unidos cae preso por narcotráfico y delincuencia organizada el priista Edgar Veytia que fue hasta ese momento el Fiscal General de Nayarit; en abril detienen en Florencia, Italia, gracias a los esfuerzos de las agencias de inteligencias de Estados Unidos, al ex gobernador priista Tomás Yarrington, acusado de lavado de dinero y delincuencia organizada por los gringos y cinco días más tarde, también en abril, es detenido el ex gobernador de Veracruz Javier Duarte en Panajachel, Guatemala.

El PRI y su dirigencia no eran ajenos a la realidad que enfrentaban, la opinión pública le es mayoritariamente adversa, los escándalos mediáticos en los cuales el protagonista principal la gran mayoría de las veces es algún funcionario prominente de algún gobierno estatal del PRI, acusado por corrupción –o por lavado de dinero, o por sus relación con la trata de blancas o con el narcotráfico–, son publicados a diario.

En cuanto a imagen las cosas pintaron mal para el partido tricolor. Y a todo esto había que sumar el descalabro electoral del 2016 en donde el PRI perdió sorpresivamente 7 gubernaturas de las 12 que estaban en disputa.

El PRI-Gobierno tenía como prioridad desmantelar cualquier intento de la oposición por unirse ya que la experiencia de la elección del 2016 –con una alianza entre el PAN y el PRD–, fue tóxica para el PRI y también para Morena.

Los partidos de oposición vieron en esta situación una enorme oportunidad, vieron a un PRI muy debilitado al interior y, desde su punto de vista, un partido oficial muy deteriorado a los ojos de la ciudadanía.

¡Una víctima fácil! ¡como quitarle un dulce a un niño! La oposición al hacer sus cálculos "no veían como el PRI pudiera ganar" en cada una de las gubernaturas en disputa, los cuartos de guerra de cada uno de los partidos de oposición sacaron sus cuentas y gracias a su gran soberbia decidieron que "solitos" podían tumbarlo.

Pero lo cierto fue que durante las negociaciones en las que los partidos de oposición contemplaron la posibilidad de una alianza, salió a relucir insistentemente que los dirigentes estatales tanto del PAN como del PRD y Morena habían sido "maizeados" por el PRI para evitar que se pudiera dar algún tipo de alianza.

Es cierto, una alianza hubiera terminado con una muy apretada victoria de la oposición en el Estado de México y en Coahuila y por eso el PRI dedicó muchos esfuerzos y dineros para evitarla.

Una interpretación es que el PRI dentro de sus cálculos consideró fragmentar el voto de sus opositores, pero la principal preocupación del PRI era hacia donde se irían los votos que perdería en la elección. El escenario lo tenían muy claro los priistas, la pérdida de credibilidad del PRI y el descontento popular haría que gran parte de su voto duro (un 33% del total de votos obtenidos en las elecciones para gobernador anteriores), se dispersaría hacia los otros partidos de oposición en donde el gran rival era el PRD en el Estado de México y el PAN en Coahuila. Si esos votos se trasladaban al PAN o al PRD entonces aún sin alianzas el PRI podía perder las elecciones.

Ahora, a la luz de los resultados en los que ciertamente ganó muy apretadamente el PRI en 2 de los tres estados en disputa, vemos que el riesgo que tomó el PRI fue un error estratégico muy grave, creyó que con impulsar a Morena fragmentaria el voto de sus adversarios cosa que con los números que tenemos podemos ver que el único voto que se fragmentó fue el del PRI y alimentó a un partido que ahora si es una nueva amenaza real para el tricolor en 2018.

El futuro del PRI se encuentra echado. La viabilidad del PRI como partido competitivo se ha ido perdiendo constantemente desde el 2000, la pérdida de su poderío ha disminuido totalmente en los estados y zonas en donde era la única o una aplastante fuerza política que fue.

Hoy, la realidad del PRI a partir del 18 de septiembre de este año es que en 18 Estados de la República es oposición y sólo gobernará en 14 y lo peor es que en 13 de los estados que aún gobierna estuvo muy cerca de perderlos.

Su suerte está echada, la extinción como partido parece ser ya su único futuro cierto, pero esto no significa que esto vaya a suceder el día de mañana, aún le quedan algunos pocos años en que medrará por ahí.

La gran encrucijada en la que se encuentran los militantes del partido oficial es seguir dentro de un partido agonizante en donde su carrera política se encuentra ya marcada para morir o bien migrar a otros institutos políticos.

En muy poco tiempo comenzaremos a ver una migración de militantes del PRI que buscarán acomodarse en las filas de sus rivales.

 

@EnriqueDavilaV