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La Soledad Oval

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Entre querer ser presidente y ser presidente hay un largo trecho. El caso de Donald "El Loco" Trump nos queda como un ejemplo para todos, un sujeto soberbio y con un severo desorden de la personalidad que acostumbrado a hacer las cosas a su manera decide competir para presidente. La historia usted estimado lector la conoce bien.

La victoria de "El Loco" Trump ha sido analizada al revés y al derecho, pero ahora veremos un poco lo que el gobernante cree y lo que realmente es.

Para Trump ser presidente del país más poderoso del mundo era como llegar a la cima de la montaña, del poder, de la cadena alimenticia. Una vez cumplido su sueño de llegar al máximo poder, Donald Trump ahora se enfrenta a un entorno hostil en el que el poder no es absoluto y, además, en donde las reglas del juego son muy diferentes a las que imaginó o estaba acostumbrado.

Trump llegó a la presidencia creyendo que gobernar era tan simple como dar ordenes, firmar instrucciones y esperar plácidamente a que sus colaboradores se encargaran de decapitar a quien no quisiera acatarlas o no pudiera cumplirlas, miel sobre hojuelas.

Pero gobernar no resultó ser tan sencillo para "El Loco" Trump, nunca esperó que hubiera personas que cuestionarían sus instrucciones y que además las pudieran revisar, calificar e, incluso, rechazar.

Ya hemos narrado en este espacio como Trump se ha quejado expresando que no imaginó que fuera tan difícil gobernar su país.

Finalmente resultó que las amenazas que profirió durante toda su campaña política, las cuales eran tomadas muy en serio por sus seguidores y que ahora Trump pretende materializar, todas y cada una de esas se ven confrontadas a una realidad muy distinta a la que imaginó y, por lo tanto, toda esa lista de deseos han resultado ser solo pifias.

Ha quedado demostrado que todas esas promesas –junto con todos los aspavientos y poses melodramáticas–, solo tenían la finalidad de impresionar para atraer los votos de los crédulos y amedrentar a sus opositores y que, como se ha ido demostrando, carecían de sustento legal y un mínimo de análisis.

Esta nueva cara que el presidente de los Estados Unidos ha develado a su país –y al mundo entero–, ha generado tal desencanto que vale la pena analizar cuál es el nuevo escenario que Donald "El Loco" Trump tiene que enfrentar.

Este nuevo escenario tiene varias aristas que día a día le van complicando la existencia y lo van orillando a una crisis institucional, tanto al interior como internacionalmente, además de una crisis personal.

Al interior de su país, los continuos tropiezos a los que se ha enfrentado como lo ha sido que jueces, Cámara de Representantes y Senado de los Estados Unidos hayan echado para atrás varias de sus Órdenes Ejecutivas, han minado mucho la credibilidad que alguna vez pudo haber tenido Trump.

Esta desconfianza ha permeado dentro del mismo equipo de Trump y la muestra es que por la mañana y sin consultar a nadie, utiliza las redes sociales para expresar sus enojos o planes y por la noche –después de un largo día de terapia de control que sus asesores y colaboradores se ven en la necesidad de aplicarle–, el presidente tiene que recular para corregir el arrebato matutino.

Esta situación necesariamente incrementa la tensión en el manejo de asuntos torales, en la que antes de presentar al presidente los problemas que son de su competencia resolver, los colaboradores se tienen que preguntar e investigar si no existe algún otro camino que permita resolver cada uno de los incidentes sin tener que involucrar al chivo en cristalería que tienen por presidente.

Derivar los problemas para encontrar otras soluciones en las cuales el presidente no pueda intervenir y que, por lo tanto, no complique más las cosas, puede resolver algunos de los problemas pero no todos, porque además para quienes llevan a cabo esta práctica podría significar en el futuro graves consecuencias como puede ser el despido, ser acusado de traición por el propio presidente o terminar en la cárcel por manejos impropios.

La frustración de Trump al no poder resolver los asuntos a su muy particular estilo –ordenar y que se haga–, lo lleva a pensar que hay un complot en su contra (OJO estamos hablando de Trump y no de Obrador, ni de Maduro) que busca desestabilizar a su gobierno.

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Es tan aguda esta percepción, que poco a poco la realidad se va perdiendo entre una infinidad de sospechas en donde Trump se ve a si mismo como una víctima de un enorme e informe monstruo que lo acosa.

Así tenemos que de manera abrupta y con muy poco tacto, Trump despide al Director del FBI, James Comey, acusándolo de "loco"; lo cierto es que Comey investigaba la relación de Trump y sus allegados con Rusia y la forma en que ese país pudo haber influido en las elecciones de Estados Unidos.

En la reciente cumbre del G7 –a la que Trump asistió–, volvió a dar la nota con sus arranques infantiles en donde reclamó la falta de pago de algunos de los países miembros de la OTAN, después como un niño de primaria corrió y empujó a primeros ministros para "agandallar el centro de la foto", donde cree que él debería siempre estar.

La gira no tuvo los efectos deseados de Trump y mucho menos lo que esperaban sus colaboradores.

Antes de que nada pasara, la Primer Ministra del Reino Unido le jala las orejas porque el equipo de Trump filtró imágenes clasificadas del atentado en Manchester y avisa que ya no compartirán información clasificada con Estados Unidos.

Donald agacha la cabeza, tiene que aceptar el regaño y prometer, como niño regañado, que no lo volverán a hacer.

En la misma Cumbre del G7 Trump hace uso de la tribuna para reclamar a los miembros de la OTAN la falta de pago, ante gestos de incredulidad de sus contrapartes. Al término de la cumbre es el único que se niega a firmar un acuerdo sobre el cambio climático

Y después, a días de haber terminado la cumbre, la canciller de Alemania, Ángela Merkel, anuncia que ya no confía más en Estados Unidos, léase en Donald "El Loco" Trump, y que ella propone que Europa se olvide de esa antigua alianza porque ya no es de fiar.

También están esos pequeños y, dirán muchos analistas, insignificantes detalles de su relación matrimonial en la que Trump no da una con su esposa Melania, pues cuando él trata de dar una imagen de familia feliz ante la prensa y el mundo, ella "disimuladamente" rechaza los gestos "amorosos" de su pareja.

Todo estos signos hablan del entorno que el "magnate" presidente se ha ido fabricando, un ambiente en el cual poco a poco el presidente de los Estados Unidos en su oficina oval se sentirá sólo y acosado por su propio equipo.

Las expectativas de Trump –como las de su equipo– poco a poco se han tenido que ir reajustando a una realidad que comienza a ser abrumadora para ellos.

Usted, estimado lector, pensará y, con mucha razón, que una persona que se mete en la política debería estar preparado para este tipo de situaciones, en la que absolutamente todas las personas que lo rodean tienen una agenda particular y con un cronograma de vida que responde a dicha agenda, en donde no existe la lealtad y solo existen las coincidencias momentaneas.

"El Loco" Trump estaba convencido de la política era un submundo en donde los políticos no tenían el carácter ni la fuerza para gobernar. Ahora descubrió que está obligado a compartir el poder con personas que por ningún motivo dejaran de ejercerlo y que por derecho les corresponde.

Trump ha descubierto que dentro de la misma Casa Blanca sus grandiosas ideas son tamizadas y descafeinadas por su mismo equipo.

Intrigas palaciegas, traidores que filtran a la prensa información sensible, indiscreciones del mismo presidente, han convertido a la Casa Blanca en una torre de Babel en donde la confusión y el desorden impiden que el mismo gobierno tome el control, el gobierno de Trump se ha convertido en un gobierno reactivo a las crisis y urgencias lo que impide tener una agenda de trabajo propositiva y de gobierno.

La continua auto victimización a la que recurre Trump para lograr simpatía ya le cuesta mucha credibilidad. "A ningún presidente de los Estados Unidos la prensa a tratado tan mal como lo hacen conmigo", dijo.

Trump está solo en la oficina oval que tanto soñó ocupar.

Y sus colaboradores meditan si vale la pena pasar a la historia como miembros del gabinete del presidente "loco".

 

@EnriqueDavilaV