Diez millones

Ciencia y ciencia oficial

Ratio: 0 / 5

Inicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivado
 

México ha recibido y resistido en cuestión de días varios embates de la naturaleza, varios ciclones, fuertes sismos y manifestaciones volcánicas que han puesto a prueba a los mexicanos como sociedad, como políticos, como encargados de Protección Civil y como científicos de las Ciencias de la Tierra y de las Ciencias de la Atmósfera.

Los estragos de estos fenómenos naturales han puesto en evidencia a todos los encargados de la Protección Civil, pues han demostrado una gran incompetencia tanto en el diseño de los planes de contingencia como en el manejo mismo de la crisis. De esto hablaremos en otra oportunidad.

Pero también ha puesto en evidencia la capacidad de liderazgo de las autoridades para resolver estas emergencias.

El último sismo (el del 19 de septiembre de 2017) es el que especialmente ha llamado la atención porque su epicentro (lugar donde sucedió) y su epifoco (la profundidad en la que sucedió) se dan en un lugar en donde no debería darse, según lo que muchos de los investigadores entienden.

Como siempre sucede, la prensa busca aclarar y tener antes que sus competidores una primicia que dé explicación de estos eventos, y es cuando los medios se llenan de encabezados catastrofistas, pregonando "singularidades únicas" y para lograrlo la prensa entrevista incansablemente a científicos y seudo científicos hasta que encuentran una afirmación que pueda ser explotada mediáticamente.

Y por otro lado, científicos de poca monta y que buscan sus cinco minutos de gloria hacen declaraciones sobre temas que no son de su área de estudio y hacen afirmaciones temerarias con disparatadas explicaciones embarradas con lugares comunes y datos más o menos relacionados que lo único que buscan es dar la nota y aparecer en los medios.

Pero el colmo es cuando los encargados de los organismos que previenen y monitorean estas manifestaciones naturales, entran en contradicción.

Esta simbiosis entre el reportero y su deseo de obtener una nota periodística que justifique su trabajo y la necesidad de algunos científicos de aparecer en la prensa es la que genera información deficiente, fuera de lugar y contradictoria.

Para acabar de formar el caldo de cultivo de la desinformación tenemos a otro componente que contribuye a que la deformada información científica se oficialice y perdure a pesar de que al poco tiempo empiezan a salir los datos duros que contradicen las "teorias" (en realidad hipótesis), presentadas por los directores de las instituciones de monitoreo y estudio y la prensa, este componente adicional son los asesores científicos de los políticos.

He tenido oportunidad de hablar con varios de estos "asesores" y en todos los casos –y sin hacer ningún tipo de investigación–, la información que manejan es la misma que se maneja en la prensa, información sin sustento y deformada, la cual trasmiten a los políticos y estos últimos –que regularmente se distinguen por su ignorancia supina en cuestiones elementales de cualquier rama del conocimiento– se ven impedidos a ver más allá de sus narices y en consecuencia poder actuar en favor de la ciudadanía. En otra oportunidad hablaremos sobre los "asesores" y sus jefes los políticos.

Los científicos también tienen lo suyo y no han quedado exentos de mostrarse contradictorios y, en varias ocasiones, absurdos y faltos de sentido común y es así que tenemos una variedad de interpretaciones y explicaciones sobre los sismos

Ahora hablaremos sobre los diferentes criterios científicos que hay para interpretar el origen de los sismos que sacudieron al país.

Se ha generado una discusión entre los científicos que tiene varios frentes, los cuales se distinguen según la disciplina que tenga el científico que expone sus ideas, así tenemos que geólogos, geofísicos y uno que otro despistado con conocimientos serios, se encuentran en un debate que trata de dar luz sobre el origen de los sismos y en especial el del 19 de septiembre del 2017.

El lector se preguntará ¿no que todo estaba muy claro y que se sabía todo sobre los sismos?

Pues no, no todo se sabe y no todo está dicho.

A pesar de que México es un país sísmico gracias a las super estructuras geológicas que lo conforman, el conocimiento de las mismas es incompleto dado que la información de la que se dispone es inferida (obtenida indirectamente) y a pesar de que muchos de los modelos propuestos son elaborados con datos que son validados y verificados por muchos grupos de investigación en todo el mundo –y que podemos decir que estos mismos (los datos) son ciertos–, los modelos conceptuales que se generan a partir de esta información son sólo teorías que tratan de explicar lo que los científicos están observando, como los volcanes, las cordilleras, las fallas, los sismos.

Todos estos fenómenos naturales que hemos mencionado son la manifestación visible de mecanismos naturales que hasta el momento permanecen invisibles y muchas veces ocultos al escrutinio científico, por la simple razón de que estos se originan a profundidades tales que la única forma de dar una explicación es creando modelos e hipótesis que los justifiquen.

Pero hay que tener claro que estas hipótesis son solo eso, hipótesis que pueden ser ciertas o falsas.

A los geofísicos les encanta creer que sus modelos de prospección indirecta como son los estudios sísmicos, magnetométricos, gravimétricos, de rayos gamma y un largo etcétera pueden generar modelos de la estructura del pedazo de tierra que quieren estudiar, dando muy imaginativas soluciones. La imaginación usada en estas explicaciones será directamente proporcional a la profundidad del evento geológico que estén estudiando.

Por otro lado los geólogos mexicanos se han empeñado en mantener a la geología como una ciencia comparativa, a pesar de que ya hay muchas herramientas que de ser aplicadas correctamente podrían sacarla del atraso en el que se encuentra.

Por esta misma razón tenemos que las explicaciones de estos científicos sobre lo que ocurre en la litósfera y la astenósfera tiene un mágico tufo a las predicciones de Sybill Patricia Trelawney: mucha imaginación y poca ciencia.

Hay mucha imaginación y muchas formas de estimularla para crear modelitos "mafufos", como es un buen "toque de la verde"; conozco algunos que funcionan solo así.   

Una muestra de lo débiles que son estos modelos inferidos es lo sucedido con el Pozo Superprofundo de Kola o SG3 que en 1989 alcanzó los 12,262 metros de profundidad en donde se encontraron entre otras cosas discontinuidades litológicas que nunca se detectaron por los métodos geofísicos y la misteriosa y continua expulsión del pozo de fango e hidrógeno a temperaturas no esperadas a esa profundidad; esto último ha cambiado el concepto del gradiente geotérmico de la tierra.

Con el ejemplo anterior trato de demostrar lo frágiles que son las hipótesis que se han fabricado para la estructura y dinámica que se dan a profundidad de la litósfera y la astenósfera. Pero, OJO, no trato de invalidar los modelos de tectónica de placas y los mecanismos generales de la interrelación de las placas, no, lo que trato de señalar es que si no se conoce el mecanismo es muy peligroso afirmar que "se rompió la Placa de Cocos" justo donde se dio el epifoco del sismo del 19 de septiembre, así como es muy peligroso –por las consecuencias que se puedan tener– que "existen alineamientos acotados por fallas" que son inferidas gracias a un misterioso "martillo húngaro" (chiste de geólogos que hace referencia a un método misterioso que una vaca sagrada de la geología usa para determinar a distancias considerables aspectos que solamente se pueden ver in situ, con las manos en la roca dirían unos).

Nutriseg-termometro-cooper-1246-02c

En estos últimos días han salido explicaciones "científicas" fabricadas a la velocidad de la luz, aprovechando la coyuntura, hechas sobre las rodillas para justificar la existencia de proyectos que han permanecido en estado de invernación durante años en donde se cobran salarios y no se producen resultados.

Lo peligroso de estos nuevos mapas de riesgos es que todos se han hecho a partir de inferencias no comprobadas, la existencia de fallas profundas en la Zona Metropolitana del Valle de México, de colapsos de placas más profundos, de fallitas superficiales a las que se les da atributos catastróficos y finalmente a partir de hipótesis elaboradas con muy pocos datos útiles.

Lo peligroso de estos trabajos es que las políticas públicas arrancaran sobre bases llenas de suposiciones y pocos hechos reales.

Lo peligroso es vivir pensando que se ha hecho lo correcto hasta que otro sismo "atípico", o cualquier otro evento geológico catastrófico, nos muestre que estábamos en un error .

Antes de gastar y sacar nuevas disposiciones legales a partir de estos nuevos mapas, el gobierno debe comprobar científicamente la existencia de los elementos de riesgo que se mencionan, para que estos dejen de ser suposiciones.

La ciencia debe dejar de ser ejercida por grupos de poder que, afiliados a tendencias políticas que entorpecen la investigación, busquen favorecer a sus "cuates".

Los presupuestos para la investigación deben dejar de ser utilizados por las autoridades de los centros de investigación como arma de sumisión como sucede actualmente.

Y lo más importante los asesores científicos de los políticos deben ser CIENTIFICOS con una muy probada solvencia académica sobre los temas en los que asesoran y no ser cuates de los cuates.

 

@EnriqueDavilaV