Diez millones

AMLO: el lado alarmante de la encuesta: apenas16% en CDMX

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Metidos todos a impulsar a Ricardo Monreal Avila como una lanza de confrontación contra Andrés Manuel López Obrador, pocos se han tomado el tiempo para analizar el trasfondo de la encuesta --cuchareada o no-- que impuso a Claudia Sheinbaum como candidata capitalina de Morena vía el dedazo del caudillo.

Frente al 15.9% de votos a favor de la preferida del líder, la encuesta reveló la existencia de un 60.2% que declaró que ninguno de los aspirantes le interesaba (22.9%) y que no sabía o no contestó (37.3%). Es decir, que la candidata de López Obrador en primer lugar de preferencias declaradas en la Ciudad de México apenas logró el voto directo de una sexta parte de la ciudadanía.

El otro punto del debate político de la encuesta revela que en materia de emisión de voto tiene a imponerse más la personalidad política y de poder del candidato que su perfil académico. Monreal, un animal político en sentido aristotélico, ya se posicionó mejor que Sheinbaum porque fue una víctima del poder autoritario del Tlatoani morenista.

Como ha ocurrido en casos anteriores, López Obrador coloca sus pasiones personales por encima de las racionalidades del poder. Su primer signo de debilidad y vacilaciones lo llevó a abrir la encuesta para probar el resultado, pero sin entender que las encuestas no se asumen por cifras finales sino por sus significados interpretativos.

La debilidad de López Obrador en la Ciudad de México lo está llevando a cometer errores estratégicos graves: aceptar el apoyo del exjefe capitalino Marcelo Ebrard Casaubón, auto exiliado por sus presuntas responsabilidades en irregularidades y desvíos de dinero durante su gestión y meter en la encuesta a Mario Delgado, el responsable financiero de esas irregularidades, los dos en busca de protección e impunidad en el presunto gobierno morenista en la CDMX.

La desesperación del tabasqueño lo obligó a aliarse con el Ebrard desprestigiado; y ahora viene otro movimiento estratégico que le costará más votos perdidos: aceptar en Morena a René Bejarano, el Señor de las Ligas que recibió dinero en efectivo del empresario Carlos Ahumada Kurtz para la caja chica de gastos electorales del propio López Obrador.

El otro error de estrategia de López Obrador fue realizar una encuesta confusa en sus intenciones reales: con una tendencia de pérdida de posicionamiento en encuestas presidenciales de finales del año pasado a agosto, el tabasqueño quiso usar la encuesta capitalina para posicionarse en medios. Sólo que la encuesta no fue entendida por los encuestados porque votaron por el “coordinador” de Morena en la CDMX y no por el presunto candidato.

Además, la encuesta entregada a medios no mostró la vitrina metodológica donde se deben incluir datos vitales: quién hizo la encuesta, no da error estándar, no define la confiabilidad de la encuesta, además de que 21 preguntas son pocas porque no incluye aquellas preguntas de control que implican cruce de contradicciones para tener una mayor certeza en la declaración del encuestado. Además, el procesamiento de datos se dio en 96 horas, insuficientes para consolidar datos. Expertos en encuestas señalan que se trató de una encuesta de oficina y no de recolección de entrevistas en el campo electoral.

Con una abstención de 60%, el 40% a favor de Morena es bastante bajo como para celebrar la victoria en la CDMX. Y de ahí también se desprende la furia lopezobradorista de que Monreal compita fuera de Morena.


Política para dummies: La política es la habilidad para tomar decisiones de poder, no para satisfacer pasiones personales.

Sólo para sus ojos:

  • Ricardo Monreal tiene la oportunidad de abrir nuevas formas de participación política: en lugar de otra encuesta y encuestas-espejo, debería proponer el modelo de elecciones primarias para que simpatizantes y militantes de Morena voten en urnas. Las encuestas apuestan a un promedio estadístico, eficaz pero movible. Y nunca hay dos encuestas iguales.
  • Ricardo Anaya está llevando al PAN hacia la fractura que le hará perder las elecciones y el voto panista se dividirá entre López Obrador y el PRI. El punto de no retorno será la votación en el Senado por el fiscal; si Anaya pierde y panistas votan con el PRI, su precandidatura presidencial habrá naufragado. Además del mal carácter, Anaya estaría mostrando carencia de estrategia de poder y por tanto demasiada inexperiencia para lidiar con una presidencia de la república.
  • Todo indica que el Tratado de Comercio Libre ya feneció.

 

@carlosramirezh