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La democracia y sus problemas

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Elecciones en las que el resultado refleja el descontento de la ciudadanía con la clase política, la llegada de líderes que se ubican en los extremos de la geometría política, así como los intentos de mandatarios que llegaron gracias al voto pero que intentan perpetuarse en el poder, muestran que la democracia vive momentos difíciles. De hecho, encuestas internacionales muestran como este sistema de gobierno puede ser sustituido por regímenes autoritarios si el pueblo percibe que esto ayuda a resolver los problemas.

Democracia en problemas

Es bien sabido que el sistema democrático se encuentra a prueba. La llegada de personajes que la aprovechan como plataforma para llegar y ejercer un cargo de elección de manera autoritaria, es una de las facetas de un problema acerca del cual aún no se conoce su solución.

            Para autores como Jaques Ranciere, en su texto Odio a la democracia, los fenómenos que empiezan a aparecer en este contexto demuestran que para amplios sectores de la sociedad el hartazgo con la clase política comienza a trasladarse al sistema de elección, por lo que el voto comienza a perder su valor como instrumento para elegir gobernantes, los cuales son vistos como parte del problema y no como la solución.

            Es curioso ver como empiezan a surgir evidencias de la manera en que la democracia es culpada de muchos de los males que agobian a las sociedades modernas. En Francia, se vivió un episodio en el que la victoria de Emmanuel Macron –en un contexto en el que el avance de la ultraderecha preocupaba por sus posiciones nacionalistas, antiinmigrantes y antieuropeas–, recordó la utilidad de las elecciones para evitar la llegada al poder de personas que buscan demoler los cimientos de las instituciones sin tener algo que las sustituya.

            La experiencia de comicios que dieron como resultado el triunfo de personajes como Donald Trump o Hugo Chávez, y las consecuencias de sus actos, han servido también para culpar a la democracia de esto. Pero no hay que confundirse, la democracia puede permitir la victoria de gobernantes como José Mujica o Nicolás Maduro, por lo que se debe ver hacia la ciudadanía para encontrar a los responsables.

            Y aquí empiezan los problemas, pues es mucho mejor culpar a algo abstracto –el sistema, la clase política, por ejemplo–, en lugar de asumir la responsabilidad.

            En el contexto de la elección federal de 2015, se advertía el hartazgo que los votantes tenían por los procesos electorales, por lo que surgieron movimientos que buscaban anular el voto, promover la abstención o la protesta en la boleta electoral, como una manera de manifestar su rechazo a la manera en que la clase política ha manejado las instituciones.

            De cara al 2018, se observa que los signos de hartazgo lejos de disminuir han aumentado. Las expectativas con los candidatos independientes, los llamados de que podría ganar un candidato antisistema, una agenda de temas que podrían definir la campaña –como es el combate a la corrupción–, así como el sufragio de castigo en contra del partido gobernante dibujan un escenario en el que lo más probable es que muchos ciudadanos se abstendrán de acudir a las urnas, otros buscarán anular su voto al no encontrar una opción que satisfaga sus expectativas.

            Esto abre una puerta para las organizaciones que se presentan como antisistema o para candidatos que buscan aprovechar la coyuntura. Ante el desencanto de amplios sectores ciudadanos con la clase política, las alternativas se buscan en lugares en donde antes no se conocían. El sector independiente es el particularmente indicado para encabezar un cambio que los electores demandan, pero en nuestro país aún no alcanza a figurar en las encuestas que se han hecho para conocer las preferencias. El candidato que las encabeza, trata de llenar el espacio de los inconformes con el estado de cosas que vivimos en el país, en especial en temas como la corrupción, lo cual puede ser el motor para atraer a los ciudadanos a las urnas.

            Quizá la democracia no sea perfecta, pero no alcanzará ese estatus sin la participación ciudadana, que también debe poner de su parte para participar, pues dejar de acudir a las casillas y evadir una responsabilidad que tienen, equivale a retrasar las soluciones, aunque las críticas se acumulen en redes sociales.

Varias iniciativas se están presentando en el marco de las campañas adelantadas por el 2018. Varias de ellas tienen como eje el combate a la corrupción. Los resultados de estos esfuerzos podrían incidir en el resultado de los comicios para renovar la presidencia de la república. De esto abundaremos esta semana.

 

@AReyesVigueras