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Alianzas, queridas y odidas

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La simple noticia de que PAN y PRD podrían trabajar en 2018 un frente amplio para la elección presidencial, desató una serie de reacciones –algunas rayando en la histeria–, lo mismo de opositores que de integrantes de dichos partidos, todo lo cual demuestra que si existe una figura en el escenario político nacional que pone nerviosos y esperanzados a muchos, es precisamente la de una alianza entre la izquierda y la derecha, tal como ha sucedido en otras partes del mundo.

La unión hace la fuerza

La idea de una alianza entre los principales partidos de derecha e izquierda en nuestro país, provoca reacciones de lo más variado en nuestra clase política. Tan sólo ver lo sucedido luego del anuncio de los presidentes del PRD, Alejandra Barrales, y del PAN, Ricardo Anaya, acerca de la posibilidad de que se cree un frente amplio para el 2018.

            Si bien en la conferencia de prensa en la que se dio el anuncio era para denunciar irregularidades en la campaña a gobernador de Nayarit –aspecto a tomar en cuenta–, la “nota” fue la eventual alianza para los comicios del año entrante.

            De inmediato, López Obrador salió a descalificarla, en tanto que Dolores Padierna, coordinadora de los senadores del PRD, dijo que Barrales se brincó las trancas porque el Consejo Nacional perredista no la autorizaba a ese tipo de acuerdos; además, el senador panista Ernesto Cordero señaló que Anaya no había consultado a la militancia; Rafael Moreno Valle, aspirante a la candidatura presidencial panista, declaró que primero se debía elaborar un proyecto de país y luego pensar en una alianza, y Miguel Barbosa, senador del grupo PT-Morena, aseguró que dicha unión era para frenar al tabasqueño.

            Si se fijan bien en el muestrario de reacciones, cada quien le dio la interpretación que deseaba. Algunos de estos personajes han expresado con anterioridad la necesidad de avanzar en un ruta que garantice la democratización plena de nuestro sistema político, pero cuando les preguntan cómo, la única respuesta es que es con ellos.

            Es curioso como en 2016 las alianzas que el PRD y el PAN establecieron han puesto en camino a su extinción al PRI, pues ahora controla menos de la mitad de las gubernaturas del país. Si se considera que buena parte de su financiamiento en las campañas presidenciales, además de las estructuras para movilizar a sus clientelas electorales, provenía de los ejecutivos de las entidades, reducir el número de las que controla es una buena idea para disminuir su capacidad con miras a una elecciones de 2018 que se antojan competidas.

            Pero en lugar de avanzar en la conformación de un frente o alianza que aglutine a las principales fuerzas políticas y organizaciones sociales, muchos de los integrantes de la clase política se rasgan las vestiduras por el sacrilegio de proponer unirse a otro partido. El argumento mas utilizado es que se están mezclando el agua y el aceite.

            En Alemania, en más de una ocasión, la democracia cristiana y la socialdemocracia se han unido para formar una gobierno de coalición, acordando temas en los que trabajarían de acuerdo y en cuales no avanzarían por existir diferencias de fondo. Que se sepa, el caso alemán no ha sido uno en el que se pueda hablar de un estrepitoso fracaso, pues los periodos en los que la CDU y la CSU trabajaron conjuntamente no hubo una crisis de dimensiones colosales para los teutones.

            Pero aquí parece que se está invocando a los cuatro jinetes del Apocalipsis cada vez que alguien habla de una alianza, aunque se mire hacia otro lado cuando se cuestiona la alianza que el PRI tiene con el Partido Verde, con Nueva Alianza, con el PT o con partidos locales en comicios estatales.

            Pocos cuestionan que Nueva Alianza ha participado en elecciones lo mismo que al lado del PAN que del PRI, o que el Verde se mantenga con todo y registro pese a sus pocas iniciativas y sus muchos escándalos.

            Incluso, entre los aspirantes a una candidatura independiente existe la propuesta de crear un frente para posicionar a un solo abanderado, en cuyo contexto se dio la declinación de Jorge G. Castañeda a favor de Armando Ríos Piter. El propio jefe de gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, ha hablado de formar un frente, o cuarto polo, que busque la suma de organizaciones sociales.

            Asimismo, hay que recordar el activismo de Manlio Fabio Beltrones en el sentido de hacer conciencia sobre la necesidad de contar con un gobierno de coalición, mismo que necesariamente llevaría a una alianza legislativa entre dos o más partidos.

            Así que tantas quejas y brincos por un anuncio de algo que pudiera suceder el año que entra, no son más que una muestra de todos los que desean que todo siga igual, para defender sus privilegios, pues una alianza que integre a grupos sociales y académicos, como se planteó, le quitaría espacios a los políticos que han llegado al cargo gracias a los espacios plurinominales, algo que no pueden permitir y, por eso, las reacciones que rayan en la histeria.

Del tintero

La semana entrante, la última de las campañas electorales en los estados, podría darnos algunas encuestas que ayuden a los candidatos, o terminen de hundirlos, así como algún escándalo que busque impactar en la decisión del electorado. Así que estar al pendiente.

 

@AReyesVigueras