Diez millones

Estado de ánimo ciudadano

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En algunos medios, empiezan a circular expresiones que tratan de describir lo que se podría llamar el estado de ánimo de la ciudadanía. En el contexto electoral, esto se ofrece como una manera de intentar adelantar la forma en que el votante tomará la decisión en la urna, influido más por lo que pasa a su alrededor que por las estrategias de campaña de los candidatos. Sin duda, se trata de una aproximación novedosa a las motivaciones que tiene el elector para otorgar su sufragio.

Ánimos cambiantes

La decisión del ciudadano respecto al tema del voto, ha querido ser explicada en función de distintas teorías. Las hay que exponen que se trata de un complejo proceso de análisis y de recepción de varios de factores –como los comentarios de amigos, vecinos y familiares, al igual que los mensajes de los medios de comunicación–, que terminan definiendo por cual partido sufragar.

            De igual manera, otros intentos por comprender la manera en que se procesa la decisión, explican que hay una identidad partidista por lo que el voto puede ser constante a través del tiempo por un mismo instituto político, sin importar el abanderado que presente o el puesto que esté en juego.

            Asimismo, hay una explicación acerca de aquellas personas que no acuden a las casillas, pues las motivaciones para participar en política no son suficientemente poderosas como para hacer que tomen parte en una actividad como esta.

            A últimas fechas, han surgido otras interpretaciones que intentan asociar un estado de ánimo social con la intención del voto. Apoyados en encuestas y lo que circula en redes sociales, algunos articulistas y columnistas exponen que la irritación ciudadana será la que determine el ganador de la próxima elección presidencial.

            Como apoyo a esta teoría, se toma en cuenta las encuestas –que no han sido cuestionadas, hay que decirlo– que evalúan la aprobación ciudadana de la labor del titular del ejecutivo federal. Como sabemos, dicho índice se ubica en el porcentaje más bajo desde que se vienen haciendo este tipo de mediciones.

            Adicionalmente, la manera en que las redes sociales se vuelcan en rechazo a Peña Nieto y varios miembros del gabinete, es un dato que es tomado en cuenta para apuntalar esta versión.

            Así, se concluye que el estado de ánimo social es uno que se puede describir como más cercano al enojo, por lo que en la votación en 2018 se verá reflejada esta circunstancia.

            Si bien existe una tendencia en la que los partidos tradicionales están perdiendo, de manera acelerada, apoyo de los votantes, a la vez que los candidatos u organizaciones que se presentan como antisistema ganan en cada comicio las simpatías de los electores, esto no necesariamente se ha visto vinculado a un estado de ánimo social, entendido como un comportamiento que refleja malestar o conformidad con el estado de cosas en un país, muy parecido a lo que las personas sienten respecto a sus vidas.

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            Si esto fuera cierto en todos los casos, no se verían fenómenos como los que se han dado en algunas naciones europeas, en las que no hay tanto malestar con el gobierno o el sistema político, pero en donde se da un avance de partidos que irrumpen en el escenario electoral con propuestas novedosas, como ha sido el caso de los llamados “partidos pirata”.

            Claro que la insatisfacción de amplios sectores de la población, como ha sucedido en Gran Bretaña o Francia, explican el avance de movimientos como el Brexit o del Frente Nacional de Le Pen, pero no en todas las citas con las urnas han triunfado estas organizaciones.

            En el caso de México, estamos asistiendo a la preparación de un escenario que ayude a promover un cambio en el partido en el gobierno, aprovechando que la coyuntura internacional ha mostrado algunos ejemplos tanto de rechazo a la clase política tradicional –como en España–, así como a la búsqueda de un cambio encarnado en un abanderado que represente una opción distinta a lo que ofrecen los partidos –como en Francia–, asociado a la baja calificación que en el tema de la aprobación tiene el actual presidente de la república.

            Muchos son los factores que influyen en la decisión de una persona para acudir a la casilla electoral y depositar su voto a favor de un candidato, pues incluso se puede dar el caso de que vote de manera diferente de acuerdo a los distintos cargos de elección que hay en juego en la jornada comicial.

            Tratar de vender, desde ahora, que México está “encabronado” por todo lo malo que pasa, es omitir que no hay absolutos en este terreno, que no se puede calificar a toda una nación por la necesidad o el deseo de un sector de la población y que, de aquí a junio del 2018, todo puede pasar, incluso que se encontente a todo un país y repita el partido que está gobernando.

Del tintero

La elección a gobernador del Estado de México es un excelente ejemplo de todo lo que no se debe hacer en una campaña electoral, desde los errores de varios candidatos, hasta la manera en que la autoridad electoral deja que ciertos funcionarios públicos actúen al margen de la ley. Abundaremos acerca de esto en breve.

 

@AReyesVigueras