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Periodismo y política

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Los últimos acontecimientos en contra de periodistas y la manera en que la clase política ha reaccionado, demuestran que sólo se preocupan por ofrecer respuesta en sus palabras, que muy pocas veces coinciden con sus acciones, en un contexto en el que la mayor parte de las agresiones a los informadores provienen de funcionarios públicos. ¿Qué hacer ante esta realidad?

Sin comunicación

Pese a los discursos, muy pocas veces se puede presumir alguna acción o iniciativa que provenga de los partidos políticos a favor de los periodistas.

Una prueba clara de esto es que la Ley de Imprenta cumplió 100 años y no se ha reformado este marco legal. Además, se cumplen 33 años del asesinato de Manuel Buendía y ni el PAN, que ayudó a formar al columnista en su revista La Nación, lo recuerda.

Regularmente, los partidos se mantienen alejados de los informadores, a pesar de tener órganos de difusión que emplean periodistas, así como oficinas de comunicación social, aunque hay que reconocer que en muchas ocasiones los puestos son para gente sin especialización que ocupa un lugar en el organigrama por parentesco o por formar parte de un grupo político.

En materia de iniciativas para proteger la actividad de reporteros o columnistas, las pocas que surgen se dan luego de alguna agresión, nunca como parte de una plataforma electoral o como parte de la unión de esfuerzos con el gremio.

También los partidos han olvidado que tuvieron en sus filas a periodistas como Carlos Septién García, Eduardo Valle o, más recientemente, a Virgilio Caballero y otros más, pese a lo cual la relación con quienes ejercen este oficio es distante y poco cordial.

En lugar de buscar puentes, no pocos políticos acusan a los medios de orquestar campañas de desprestigio o de actuar por consigna, como muchos simpatizantes de Morena gustan de expresar en redes sociales ante la menor crítica a su líder, respuesta que se convierte en agresión al no venir acompañada de pruebas, pues da la impresión de que no conciben que alguien diga algo negativo de su líder sin que sea motivado por un pago de un poder oscuro.

En materia de investigación, pese a tener la obligación de sostener centros de estudio, los partidos no se ocupan de la problemática que enfrentan los periodistas, mucho menos de sus propios problemas de comunicación y cuando lo hacen, la falta de continuidad evita que se cumplan las recomendaciones.

Así que no se puede esperar mucho de los partidos para ayudar a frenar la ola de agresiones que se han visto en los últimos meses. Esto llama la atención por el número de periodistas que defienden una causa política, mismos que no influyen es este tema al interior de las organizaciones políticas, aunque abiertamente no sean militantes. Esto último es sólo una faceta de la falta de solidaridad en el gremio que tanto se ha denunciado pero que poco se ha intentado resolver.

Ahora que el asesinato de periodistas se ha convertido en uno de los temas que más es tratado en los medios de comunicación y redes sociales, el riesgo es que se convierta en un arma en contra del gobernante en turno y se busque utilizar para quitarle votos a su partido en las próximas elecciones, no como parte de un esfuerzo por evitar que la prensa continúe recibiendo agresiones desde el ámbito político, a pesar de la necesidad de que las denuncias sigan presentándose por este tema.

La experiencia de Mario Alberto Mejía, columnista del diario poblano 24 horas, es ilustrativa en este sentido, pues al ser entrevistado y a pregunta expresa señaló que es poco el apoyo recibido de sus colegas, mucho menos de los partidos, además de que en la columna en la que denunció las amenazas recibidas de un líder de un tianguis, recordó que dos exgobernadores de la entidad también lo amenazaron.

Algo similar expresó Javier Valdez, en el sentido de que lo publicado en Riodoce, la revista que junto a otros periodistas fundó, tenía poco eco en los demás medios, lo que provocaba en él un sentimiento de soledad al verse aislado.

Así que en esta materia poco se puede esperar de la actual clase política –y, lamentablemente, de muchos integrantes del gremio–, para evitar que los periodistas se conviertan en los blancos de políticos corruptos, ineficientes o coludidos con el crimen organizado al sentirse descubiertos en sus acciones irregulares.

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Otro tema que los partidos no abordan, son las condiciones en las que trabajan los reporteros. Gobernación tiene un censo de trabajadores de los medios informativos y sabe cuántos existen en el país –pues están registrados si desean recibir publicidad oficial–, así como el número de empleados que se dedican al periodismo, lo cual podría servir de base para elaborar iniciativas para mejorar los salarios o revisar en donde no se les da alguna prestación o si se cuenta con seguro de vida, en particular para las zonas de riesgo –que es casi todo el país ahora–, para no dejar a sus familias desamparadas, algo que sucede con pasmosa regularidad.

En fin, se tendrá que seguir esperando a menos que en el medio periodístico se olvide la falta de solidaridad y se apoye a quienes denuncian esos temas que tanto molestan a los políticos y sus cómplices.

Del tintero

En Michoacán hay otro reportero desaparecido y el gobierno de la entidad parece más interesado en otros temas que en encontrarlo vivo.

 

@AReyesVigueras