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Libertad de expresión y política

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En momentos en que las agresiones en contra de periodistas se suceden sin que autoridad alguna tome medidas para evitarlas, conviene recordar que si de algún lado han venido agresiones a los informadores es precisamente del ámbito de la política. Manuel Buendía es un ejemplo claro de esto, pues al tratar de informar de la complicidad entre autoridades y el narcotráfico, fue asesinado.

Crítica incomoda

Si algo molesta a buena parte de la clase política nacional, es la crítica que se ejerce en los medios de comunicación, algo que se ha agravado con la llegada de las redes sociales. Por esto, no es de extrañar que desde este bando se haga poco por proteger a los periodistas.

            En un contexto en el que las agresiones hacia los profesionales de la comunicación, incluidos asesinatos, se mantienen, los protocolos de protección para periodistas han mostrado su ineficacia en momentos en que el narcotráfico y algunas autoridades de los tres órdenes de gobierno intentan acallar cualquier voz crítica.

            Veamos cual es el panorama que enfrentan los periodistas en México. El marco legal es anticuado y está lejos de una modernización. La ley de Imprenta data de 1917 y continúa contemplando aspectos como ofensas a la moral o sanciones de 50 pesos.

            La Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra de la Libertad de Expresión (FEADLE), solo ha logrado tres sentencias condenatorias.

            La Ley para la protección de personas defensoras de derechos humanos y periodistas, contempla como sanción a quien viole el marco legal, de “dos a nueve años de prisión, y de setenta hasta cuatrocientos días multa y destitución e inhabilitación de dos a nueve años para desempeñar otro empleo, cargo o comisión públicos”. Por supuesto que poco ha ayudado a mejorar las condiciones de seguridad de los informadores.

            A lo anterior se suma la poca solidaridad del gremio ante las agresiones, pues incluso instancias encargadas de velar por la protección de los periodistas muestran un sesgo ante algunas agresiones, como ha sido denunciado en varias ocasiones a propósito de amenazas en contra de columnistas como ha sido el caso de Héctor de Mauleón.

            Para los partidos políticos el tema está lejos de sus prioridades. Buena parte de los puestos de comunicación están ocupados por personal que carece de formación, así como de sensibilidad para abordar el tema. Las propuestas, en este sentido, que se llegan a presentar en las plataformas electorales son generales y no contemplan los detalles para llevarlas a la práctica, si es que se presentan, pues por lo regular la relación entre medios y partidos es una que pasa por la desconfianza de los militantes hacia la prensa.

            En no pocas ocasiones, los miembros de un partido ven a los periodistas como enemigos y los forman del lado de quienes buscan dañar a su instituto político, aunque la información sea verídica, eso no importa para que los integrantes de cualquiera de las fuerzas políticas recurran a las denuncias de “prensa vendida” a las que siguen algún tipo de agresiones, empezando con insultos.

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            Las llamadas “campañas de desprestigio”, que existen en la mente de no pocos militantes, se suceden con regularidad. De poco importa que la información que los medios presentan tenga sustento o que exhiba una conducta ilícita de un personaje político, para los agremiados de un partido el problema es que los medios difundan esos hechos, pues su objetivo –de acuerdo a su forma de pensar– es lastimar la imagen del partido, no informar a la sociedad.

            Considerando lo anterior, no extraña que se haga poco para lograr una verdadera protección para el ejercicio periodístico, pues la clase política lo considera más como un escaparate para su lucimiento personal que como parte del esfuerzo cotidiano de la libertad de expresión.

            Llama la atención, también, que en momentos en que se debate la existencia del fuero –que fue pensado como una protección, vaya paradoja, a la expresión de sus opiniones en el ejercicio de su labor legislativa y como contrapeso de los otros poderes–, por la manera en que se ha pervertido, los legisladores no contemplen medidas para preservar la libertad de expresión.

            Así, sea narcotraficante o autoridad, los enemigos del periodismo se han mantenido unidos para asegurar que sus privilegios no sean tocados.

Del tintero

La campaña del PAN en el Estado de México, de acuerdo a militantes de dicho partido, empieza a parecerse a la del 2012. La candidata a la gubernatura repite los mismos errores, como rodearse de personas que no tienen la capacidad para desempeñar cierta función, sin que se pueda esperar alguna corrección. Por eso, repetir el tercer lugar es un pronóstico que se antoja volverá a suceder.

 

@AReyesVigueras