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Prometer no empobrece

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Al parecer las promesas de campaña no tienen límite. Con tal de conseguir el voto, los candidatos son capaces de ofrecer hasta la cura del cáncer, el problema viene cuando pasa el tiempo y esto no se hace realidad. Las campañas 2017 están sirviendo para elaborar un catálogo muy amplio de este tipo de promesas.

Promesas y más promesas

Una pregunta interesante para responder, es qué pasa al interior de los equipos de campaña cuando elaboran promesas cómo las que estamos escuchando en estos procesos electorales en los estados, en especial en el Estado de México.

Por lo regular, buena parte de las promesas no tienen un sustento económico, es decir –y a manera de ejemplo–, si el tema es la inseguridad la promesa es colocar más cámaras de vigilancia aunque no se aclare de dónde van a salir los recursos para esta acción y tampoco se detallan otras medidas para que la simple instalación de este tipo de instrumentos sirva para reducir los índices de delincuencia, ya que no se menciona que junto con esto deberían haber más equipos de comunicación, más policías, más capacitación y otras cosas por el estilo.

Lo mismo sucede con las promesas de subsidios a ciertos sectores de la población, como es el caso –en el Estado de México– de una tarjeta rosa a las amas de casa, medida que implicaría que debe haber un presupuesto listo para este tipo de programas, tampoco se aclara que tal vez esto pueda incidir en nuevos cobros por parte del gobierno o del aumento de impuestos, pues finalmente de lo que se trata es de prometer.

Otra faceta, en esta misma línea de pensamiento, tiene que ver con aquellos candidatos que van a terminar con algún problema que aqueja a la sociedad –llámese inseguridad, corrupción, problemas de salud–, gracias a su triunfo en los comicios. Así de simple.

Un aliado de este tipo de candidatos, una vez que ganan las elecciones, es la memoria corta de la población, pues en muchas ocasiones nadie recuerda lo que los abanderados partidistas ofrecieron durante las campañas. En este apartado, pocos o nadie recuerdan las promesas de campaña hechas, en un catálogo que incluye los 15 minutos que prometió Fox para terminar el conflicto en Chiapas, ser el presidente del empleo de Felipe Calderón, el crecimiento económico prometido del candidato Enrique Peña Nieto, entre otros ofrecimientos.

Qué pocos recuerden no implica que los candidatos reflexionen mejor y corrijan este tipo de aspectos, sino al contrario, los candidatos continúan –y continuarán– haciendo promesas, algunas muy extravagantes, pues de lo que se trata es de llamar la atención y conseguir los votos, no de decir realmente que no tienen la intención de hacerlo, porque ninguno de ellos –si ustedes observar con detenimiento– ha prometido que si no cumple renunciará, muy pocos son los que se atreven a hacer este tipo de ofertas de campaña.

Otro aspecto de este tema, es que la gran mayoría de las promesas no están sustentadas en análisis realistas de la situación que tratan de resolver en la entidad, es decir, para acabar con la inseguridad se puede prometer desde instalar miles de cámaras de vigilancia, o contratar más policías, pero no hay un análisis que ayuda a entender cuáles son las causas de este fenómeno, pues una parte de las ofertas que hacen los candidatos tiene que ver más con la expectativa de lo que quiere escuchar el ciudadano y no realmente con alguna medida para solucionar, en verdad, algún problema en particular.

Algunos observatorios ciudadanos llevan un registro continuo de las ofertas de campaña, además del seguimiento en el ejercicio de gobierno, con el objetivo de revelar quien realmente está cumpliendo y quien se queda corto o simplemente no ha hecho lo prometido. Esto es también un elemento que ayuda a que el ciudadano pueda tener más elementos de juicio a la hora de votar, lo mismo si se recurre a un análisis completo de lo que un candidato promete, pues no es conveniente que la decisión de sufragar sea con base, simplemente, en impulsos relacionados con aquello de “me sonó interesante o me gustó lo que está prometiendo”.

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También hay que mencionar la culpa del ciudadano por no llevar un seguimiento o no recordar lo que el candidato ha prometido, pues para muchos de los votantes la simple mención de lo que van hacer los candidatos es suficiente para entregar ese sufragio, sin mencionar la compra del mismo que se hace en las estructuras clientelares de los partidos, por lo que no es de extrañar que lleguen al gobierno algunas personas que realmente no van a solucionar los problemas que tenemos, o a mejorar la situación del país, sino al contrario: enriquecerse porque como lo hemos dicho en otras ocasiones, la política está llena de gente que solamente van por sus intereses particulares.

Del tintero

Si como dice el refrán “prometer no empobrece”, vemos que los candidatos nunca van a quedarse pobres por todas las ofertas que hacen a lo largo de la campaña, pero quien gane no solamente no va a empobrecerse, sino que puede enriquecerse mientras que el país va a estar igual, con los mismos problemas, las mismas deficiencias, las desatenciones y con una gran carga de pendientes que esperarán la siguiente campaña electoral para ver quién promete resolverlas, aunque en realidad esto nunca suceda.

 

@AReyesVigueras