Diez millones

Drama perredista

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Algo sucede en el PRD que no termina de solucionar los problemas que se han presentado desde la salida de Andrés Manuel López Obrador. La salida de militantes a las filas de Morena no solo ha demostrado que el sol azteca tiene problemas para retener a sus miembros, sino que fue formado por personas que piensan más en sus intereses que en lo que representa formar parte de un instituto político.

Militancia de ocasión

¿Qué pasa por la cabeza de un militante que decide abandonar a su partido? Esta pregunta se ha hecho durante mucho tiempo conforme se conocen casos de miembros de una fuerza política que abandonan sus siglas para cambiar de bando político. Hay que reconocer que esto no es algo exclusivo del PRD –aunque sea el partido que más sufre este fenómeno en fechas recientes–, pues en épocas anteriores se han dado a conocer salidas por diversos motivos, aunque la más recurrente sea buscar una candidatura que les fue negada.

            Esto lo han vivido el PAN, el PRI y otros de los minoritarios. Cabe recordar las gubernaturas que ha perdido el tricolor en fechas recientes, en elecciones en las que se conjugaron dos elementos: una alianza opositora y un candidato expriísta, como ha sido el caso de Zacatecas, Quintana Roo, Sinaloa o Durango.

            Pocas de las renuncias que se han presentado han sido por motivos ideológicos, aunque sí se han dado en la historia de los partidos mexicanos. Recordemos la salida de Bernardo Batiz y Jesús González Schmal del PAN, en la década de los 90, en protesta por la conducción que hacía Luis H. Álvarez como presidente nacional del blanquiazul.

            Otras renuncias memorables fueron las de Cuauhtémoc Cárdenas, Ifigenia Martínez y Porfirio Muñoz Ledo del PRI, en el marco del descontento por la manera en que el tricolor estaba procesando la candidatura presidencial de 1988. Con su salida, se fortaleció la izquierda mexicana que se organizó en torno al PRD en 1989.

            Posteriormente, políticos del PRI como Ricardo Monreal, José Rosas Aispuro, Carlos Joaquín González, Miguel Ángel Yunes, Rafael Moreno Valle, Manuel Bartlett Díaz, entre muchos otros, cambiaron de siglas y pasaron a ocupar cargos de elección con partidos distintos a los que tenían anteriormente.

            Ahora, en el caso del PRD la situación es distinta, aunque no mucho. Si bien las candidaturas no están a la vista, no debe excluir esta motivación para las renuncias que se han dado o las muestras de apoyo que personajes como Miguel Barbosa han hecho público a las aspiraciones de Andrés Manuel López Obrador.

            En ocasiones pasadas, partidos como el PRI han manejado las renuncias de manera tal que, aunque perdieron la elección, no se generó la impresión de que dicho partido estaba a punto de desaparecer. El PRD, en contraste, no solo no ha detenido la salida de militantes, sino que no puede revertir la imagen de estar en peligro de extinción.

            La competencia electoral se ha vuelto despiadada y podemos estar en la antesala de una depuración en el sistema de partidos. Los problemas para mantener el registro por parte del PT, serían parte de este escenario que se hace más llamativo por los continuos problemas de la izquierda para mantener su unidad básica.

            Además, en el caso perredista, estamos hablando de una fuerza política que se ha ganado a pulso la imagen de ser un caos con peleas entre sus tribus, denuncias de anomalías en sus procesos internos, impugnaciones constantes y declaraciones en contra de sus propios compañeros.

            Otra faceta de este asunto tiene que ver con la manera en que se han presentado las adhesiones a López Obrador. Que antes algunos de quienes ahora se muestran como sus partidarios, hayan apoyado a otro aspirante presidencial no abona a considerar estas acciones como sinceras, sino como producto de la conveniencia. El término oportunista, sale en cada historia que se conoce en este campo, pues se trata de políticos que tienen una carrera ligada al presupuesto público.

            Si bien los partidos políticos han hecho que las renuncias y cambios de camiseta se vean como algo normal, sin considerar las repercusiones de esto, para el electorado es un elemento más que abona a la desconfianza hacia los institutos políticos, por considerar que se velan más intereses particulares que de la sociedad.

            Las elecciones deberían servir de filtro para este tipo de políticos que brincan de partido en partido sin ofrecer soluciones o trabajo serio. De los ciudadanos depende enviar el mensaje y no premiarlos por saltar de un barco que se hunde.

Del tintero

Mala semana para el periodismo mexicano y para el país por el tema del robo del jersey de Tom Brady en febrero pasado. Llama la atención que tema no amerite una reflexión en el gremio para acabar con el periodista que aprovecha el gafete para otros propósitos, de los que se pueden llenar páginas enteras con las anécdotas.

 

@AReyesVigueras