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2018: más nombres que proyectos

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Una consecuencia de tener campañas adelantadas es que lo que se está poniendo en juego en el tablero de competencia para el 2018, sean más nombres y casi ningún proyecto. Casi tenemos de todo en la lista de aspirantes para las elecciones presidenciales del año entrante, desde periodistas, académicos, exfuncionarios, gobernadores en funciones, pero a pesar de la amplia lista de nombres brilla por su ausencia la presencia de algún proyecto que ayude al país a remontar las crisis que enfrenta.

Nombres y proyectos

Son pocos los proyectos que están buscando el voto de los electores para las elecciones presidenciales de 2018. Quizá se pueda hablar de lo presentado por López Obrador o de las ideas expresadas por Jorge G. Castañeda, algún aporte ha dado Margarita Zavala y algún otro Miguel Ángel Mancera, pero eso contrasta con la enorme lista de nombres que tenemos que buscan ocupar un lugar en la boleta electoral del año entrante.

            Uno de los efectos de las campañas adelantadas es que al basarse más en la popularidad, se han dejado de lado los proyectos, es decir, se pretende que votemos por el que sea más carismático o mejor se comporte de acuerdo a lo que busca la audiencia, pero no a través de propuestas para resolver los problemas que enfrentamos como país.

            El problema es que tampoco a los votantes parece importarles mucho este aspecto, pues en encuestas reflejan sus preferencias no con base en los proyectos presentados –aunque bien hay que reconocer que no hay alguno que merezca esta denominación–, sino en los nombres que aparecen en el cuestionario.

            Así, por citar un ejemplo, tenemos a una aspirante que no cuenta con experiencia de gobierno y con una carrera política pequeña, pero que se respalda con el hecho de haber sido primera dama el sexenio anterior. También podemos mencionar a un periodista, hijo de un reconocido locutor, que tampoco cuenta con experiencia en temas gubernamentales, pero sí con popularidad. O que me dicen de un exlegislador que se caracterizó más por los desplantes en el recinto de San Lázaro y no por sus propuestas en la tribuna.

            La lista incluye a una académica que ha hecho de la crítica y del autoplagio una constante, pero que no ha presentado alguna idea para resolver los desafíos que tenemos por delante; o del ahora exgobernador que deja una entidad endeudada y hasta a su propio partido sometido pero que ya busca participar en la elección interna.

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            Bueno, hasta el conocido “Juanito”, Rafael Acosta Ángeles de Iztapalapa, declaró en alguna ocasión sus intenciones de buscar la candidatura presidencial. Claro que se vale soñar, pero habría que preguntarnos si queremos que la competencia electoral del año entrante sea de nombres o de proyectos que ayuden salir del hoyo en que nos encontramos.

            El 2018 representa una oportunidad para que los ciudadanos definamos mediante nuestros votos que tipo de país queremos, si deseamos que siga gobernando una clase política que ha hecho de esta actividad un botín y un catálogo de privilegios, o si queremos un cambio y que llegue alguien más capaz.

            Si la motivación que tenemos para ir a las urnas es la simpatía por tal o cual personajes, o porque esté va a meter a la cárcel al que ahora está en el cargo, poco ayudaremos a que esto mejore.

            Los que en 2000 votaron porque les caía bien el ranchero que prometió sacar al PRI de Los Pinos, lo que en 2006 apoyaron al que se oponía al “peligro para México” o los que consideraron que un presidente físicamente atractivo era la mejor opción, deberán aprender de estas lecciones y pensar que un nombre en la boleta no es garantía.

            Pero, también es oportunidad para que exijamos que detrás de cada nombre haya un proyecto que contemple nuestras necesidades y las que tenemos como país, pues de nada servirá que pidamos propuestas si no las buscamos y revisamos para conocer si realmente pueden ayudar a mejorar como nación.

            Esto puede sonar utópico o hasta ingenuo, pero las lecciones que nos está dando Trump desde Estados Unidos las deberíamos aprovechar para hacer las cosas de distinta manera en las elecciones que renovarán la Presidencia de la República, pues una buena parte de los problemas que tenemos en este momento se deben a la incapacidad de quien gobierna.

            Así, antes de votar o mencionar a los encuestadores un nombre, deberíamos pensar mejor en que proyecto tienen detrás. Ese simple ejercicio ayudaría más que quejarnos diariamente del gobierno.

Del tintero

Hablando de Trump, más que lamentar sus “tuitazos” que hasta devalúan nuestra moneda, deberíamos agradecer que nos da temas para la agenda de discusión del 2018. Estos podrían abarcar aspectos como la creación de empleos, para evitar la migración; combate al narcotráfico, para no darle pretextos para enviarnos tropas; industrialización para sustituir las empresas que se van por sus presiones y la diversificación comercial si cierra el Tratado. Alguien diría que es cuestión de enfoques.

 

@AReyesVigueras