Diez millones

Cuando los extremos chocan: lopezobradoristas y antipejes

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El terreno de las redes sociales ejemplifica mejor que ningún otro el choque entre posiciones extremas por el tema de la política. Lejos del equilibrio, cualquier acontecimiento es celebrado o criticado, en un mundo en el que el punto medio es algo casi inexistente, cuando no motivo de reclamo por no tomar partido en favor de alguno de los dos extremos. 

Polarización

Desde antes de la campaña electoral pasada, se vive en el país un ambiente de polarización, en el cual no se admite la imparcialidad o el equilibrio. Para muchos, se tiene que tomar partido y defender la causa, a la vez que se tiene que atacar con todo a los adversarios.

En mundo de las redes sociales ilustra muy bien esto.

Todo lo que se relacione con el actual presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, ejemplifica muy bien lo que exponemos en esta ocasión. Algunos ciudadanos critican todo lo que diga y haga, buscando convertir una cuenta en Twitter y Facebook en el instrumento para derrocarlo.

En contraste, otros usuarios se asumen como férreos defensores de la causa que representa, llegando al extremo de justificar todas sus decisiones sin importar la viabilidad o sensatez de las mismas.

Estas posiciones provocan frecuentes choques, pues unos desean exhibir las incongruencias del proyecto que entrará en funciones a partir de diciembre próximo, en tanto que los contrarios buscarán defenderlo de cualquier crítica.

Y es que en este terreno, ambos pudieran tener razón en sus apreciaciones, pero el hecho de no considerar los puntos de vista de los demás y buscar a toda costa tener la razón hace que tengamos peleas constantes, mismas que influyen en el ánimo ciudadano.

Los extremos siempre son malos en cualquier discusión y este es el caso.

Endiosar al presidente electo no tiene sentido, como tampoco lo tiene culparlo de una tragedia que todavía no se presenta --y tal vez no se presentará--. Tal parece que asistimos a una competencia por ver quien es el que lo defiende más o quien lo apabulla con sus comentarios.

Claro que hay honrosas excepciones de quienes buscan una análisis o crítica más equilibrada, reconociendo incluso algún acierto en su actuar luego de las elecciones, pero también han recibido descalificaciones por parte de los que buscan descarrilar anticipadamente al lopezobradorismo o quienes lo defienden a ultranza.

Y aquí surge otro elemento que llama la atención en este contexto: la cerrazón de ambos extremos. Querer que los antilopezobradoristas reconozcan que es positivo que haya, al menos de momento, un discurso anticorrupción o que busque terminar con los privilegios que han adquirido servidores públicos, es enfrentarse con reclamos de ser un agente encubierto a favor del tabasqueño, a quien --parecen decir-- no se le debe reconocer méritos, porque no los tiene.

De igual manera, hacer ver a sus defensores que hay medidas anunciadas que no son viables o que, al menos, necesitan de más estudios para implementarse --como el Tren Maya o Santa Lucía--, es recibir hasta insultos y calificativos como “chayotero” y otras similares.

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Algo similar sucede si se pregunta acerca del estado de salud del mandatario electo, ante las versiones que apuntan a que tiene problemas con su espalda o que sigue un tratamiento por una enfermedad cardíaca, algo que nos debe preocupar porque se trata del jefe del Estado mexicano.

Pero de un extremo surgen hasta deseos de que le vaya peor o que ya parta de este mundo, en tanto que del otro vuelven los reclamos porque piensan que este tipo de dudas sólo sirven para minar el proyecto y que se trata de una manera de descalificarlo.

Total, que los dos extremos se mantienen en sus posiciones, sin permitir que el equilibrio llegue y sirva para orientar la discusión pública, pero se trata de algo que no nos debe extrañar, pues vivimos en un país en el que las contradicciones son el pan nuestro de cada día.

Si la decisión del voto fue producto de factores emotivos, incentivados por algunos de los participantes en la pasada campaña electoral, ahora vemos como la inercia se mantiene entre quienes se ubican en los extremos de una polémica que trata de resolver algunos de los problemas que tenemos como nación.

Tal parece que tratar a los integrantes de nuestra clase política como lo que son, seres humanos con defectos y virtudes, reconociéndoles sus aciertos y errores es algo incompatible con el creciente activismo en redes sociales. Hasta parece que es aburrido y no vende ser equilibrado en el análisis, por lo que muchos recurren a la estridencia de exagerar, para bien o para mal pero siempre para su causa, todo lo que suceda en el ámbito político nacional.

 

Del tintero

La consulta sobre el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México mostrará cómo estos extremos vuelven a la andadas, ante un par de opciones que tienen problemas desde su concepción, pues no responden a la necesidad de resolver el problema de la saturación de la actual terminal aérea, sino de ganar un debate.

@AReyesVigueras