Diez millones

El efecto teflón de López Obrador

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Se puede explorar este tema a partir de un par de elementos: la falta de efectos a las críticas que recibe y la percepción de que no sólo puede, sino que va a ganar la elección presidencial. Pero hay que tomar en cuenta que como todo lo electoral, se podría estar frente a un fenómeno construido a partir de una eficaz propaganda.

 

La construcción de un mito

Andrés Manuel López Obrador es un caso de estudio, desde el punto de vista de lo electoral. Desde el sexenio de Ernesto Zedillo se encuentra en el escenario político, participando —con esta elección— en al menos 5 procesos electorales como candidato, de los cuales ha ganado uno —en el año 2000 como candidato a jefe de gobierno del anterior DF—, por lo cual es uno de los personajes políticos más conocidos del país.

Pese a concitar opiniones negativas por sus acciones como gobernante y candidato, llama la atención que en la presente campaña es el candidato que no sólo lleva la delantera en encuestas, sino que ninguna crítica que se le ha hecho lo daña.

¿A qué se debe lo que podría calificarse como un efecto teflón hacia su candidatura?

En primera instancia, hay que señalar su constancia al mantener las mismas posiciones a lo largo de décadas. Sin tomar riesgos con definiciones, su discurso se apoya en lugares comunes, buscando decir a cada auditorio lo que desea escuchar.

Pero también hay que destacar que ha cuidado su imagen. Algo que presumen sus partidarios en redes sociales es que lo han investigado y no le han probado nada relacionado con actos de corrupción, algo que puede ser cierto, aunque también se puede agregar que no es creíble que viva con sólo 200 pesos en la cartera y sin tarjeta de crédito o cuentas bancarias, pero que haya recorrido todo el país en varias ocasiones.

Pero quizá lo que le permite en estos momentos saltar por encima de cualquier señalamiento, es la coincidencia de su discurso opositor y ser quien más ha señalado los excesos y la corrupción de la clase gobernante, con la percepción generalizada de que el actual titular del ejecutivo federal y su camarilla se han beneficiado de corruptelas como en los casos de la Casa Blanca, la de Malinalco, el Paso Exprés, Odebrecht, la Estafa Maestra y otros más.

Es decir, su insistencia en señalar que él está del lado del pueblo y de que la clase política que actualmente detenta el poder es corrupta, le ha permitido ser percibido como la opción para los ciudadanos que ya están hartos de la corrupción y de gobernantes ineficaces.

Esto también le ha dado la posibilidad, gracias a un segundo elemento que explica el teflón que lo recubre, de que sus señalamientos sean considerados como creíbles, aunque sus acciones no correspondan a lo que él pregona.

Y es que como gobernante, si bien no se vio directamente involucrado en actos de corrupción, si permitió que varios de sus colaboradores cercanos --Bejarano, Imaz, Ponce-- se vieran retratados en este tipo de acciones, además de que los resultados que tuvo como jefe de gobierno no son para presumir, pues no redujo los índices de inseguridad ni se le recuerda por acciones que ayudaran a reducir la pobreza, mejorar el transporte público o a reducir la contaminación.

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Pero, y aquí es donde entra el segundo elemento comentado, se ha sabido rodear de eficaces propagandistas que gracias a la constancia han logrado fabricar una imagen que seduce a buena parte del electorado.

Desde antes de la elección presidencial del 2006, un grupo de activistas han incursionado en el mundo de las redes sociales, así como en distintos campos profesionales con el objetivo de ayudar a construir una imagen que resista las críticas por sus acciones, además de inhibir a quienes no simpatizan con el tabasqueño.

Luego de casi 12 años de labor, empiezan a cosechar los frutos de su estrategia, pues vemos cómo cualquier intento de cuestionar al ahora candidato de Morena se encuentra con alguien que sale a contestar y desviar su atención. Si la crítica es por la ropa que usa, que desmiente su discurso de austeridad, no faltará quien desvíe la atención a lo robado por Peña Nieto y compañía.

Si es por la designación de Napoleón Gómez Urrutia, Nestora Salgado y demás personajes cuestionados, saldrá alguien a mencionar a Romero Deschamps, Javier Duarte y demás acusados.

Si es por su falta de propuestas o por los chistes, uno de sus seguidores hablara del lavado de dinero de Anaya o de las fallas de Meade como secretario de Estado.

Esta estrategia ha logrado que se mantenga en la percepción pública como el candidato que se opone al sistema, el cual lo ataca porque no quiere que llegue.

Pero este manejo propagandístico se puede enfrentar con la realidad si llega a ganar, como sucedió con Vicente Fox. Sólo hay que recordar cómo llegó el guanajuatense y como se fue.

 

Del tintero

Parte de la estrategia: los que responden las críticas que se hacen al tabasqueño, son cuentas con pocos seguidores, que incluso con faltas de ortografía refutan los comentarios negativos.

@AReyesVigueras