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¿Por qué no baja López Obrador en las encuestas?

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Luego de la precampaña, la intercampaña y, ahora, la campaña electoral, la única constante es que el candidato de Morena no desciende del primer lugar en las encuestas, algo que no ha sido lo suficientemente estudiado. Cómo se trata de un fenómeno que continúa su desarrollo, en esta ocasión ofrecemos algunas hipótesis de porqué se presenta esta situación, sin que sea una conclusión definitiva.

La ventaja del tiempo

De inicio, hay que comentar en que la hasta ahora exitosa candidatura del tabasqueño descansa en dos factores importantes.

El primero tiene que ver con el tiempo en que ha estado en el escenario político, desde la primera ocasión que buscó la gubernatura de Tabasco en el sexenio zedillista hasta el 2018, con lo que el conocimiento que de él tiene la ciudadanía es amplio por lo que no necesita invertir tiempo en darse a conocer.

El segundo es que ha variado poco su discurso, con el que se podrá estar de acuerdo o no, pero ante el cual se debe reconocer una constancia que lo ubica perfectamente en el escenario político mexicano.

Con lo anterior como base, competir en las actuales elecciones le ha dado la oportunidad de buscar los votos con una serie de ventajas.

La primera es que es el beneficiario del descontento de los mexicanos por los pésimos resultados de gobierno de las dos últimas administraciones, las cuales encabezaron el PAN y, actualmente, el PRI, con lo que su discurso el contra del PRIAN toma sentido.

Temas como la corrupción, seguridad pública, economía, pobreza le han ofrecido una oportunidad para fijar temas en la agenda y marcar el paso a sus competidores.

Esto también se explica por la incapacidad del resto de candidatos para ofrecer mejores propuestas o un discurso que le robe atención al también conocido como Peje.

Retarlo a debate, responder sus ocurrencias, aludir a él como representante del pasado, mencionarlo en cada oportunidad, señalar que es el rival a vencer, no ha hecho sino mantener la atención del electorado en su candidatura y reforzar la imagen que su equipo ha creado para esta ocasión, acerca de que su triunfo es inevitable y que por eso los demás se encargan de atacarlo.

Sobre el párrafo anterior, hay que destacar que ha sabido construir un equipo que en el terreno propagandístico está ganando la batalla.

Cómo ejemplo tenemos la reciente encuesta que difundió Reforma sobre las preferencias electorales de estudiantes universitarios, en la cual Ricardo Anaya obtuvo el 45% de apoyos. De inmediato, en redes sociales, surgieron voces que trataron de desmentir estas cifras con el hashtag #EstudiantesconAMLO.

Si bien este movimiento es una muestra de la capacidad de reacción y del trabajo que hay detrás para dotar de un respaldo al candidato, tampoco se puede dejar de lado que es un trabajo de propaganda que ha dado resultados y que no tiene equivalente con los demás candidatos a la presidencia.

Otro elemento a considerar es la estrategia para sumar a miembros de otras fuerzas políticas a su causa.

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Lo mismo priístas que panistas, sindicalistas, artistas, personajes del ámbito deportivo o del espectáculo, López Obrador has logrado integrar a su candidatura a un abanico enorme de ciudadanos que aunque generen polémica, como en el caso de Napoleón Gómez Urrutia, también mantienen la atención de la ciudadanía hacia el candidato morenista, algo en lo que los demás abanderados no han sabido competir.

Además, tenemos el descrédito de los partidos tradicionales, factor que juega a favor del tabasqueño quien se presenta con un candidato antisistema que lo mismo promete quitar las pensiones a expresidentes como Fox o Salinas, que revertir algunas reformas impulsadas desde el actual gobierno o convertir la residencia oficial de Los Pinos en un centro cultural.

Se podrá decir que son meras ocurrencias, algunas como la cancelación del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México hasta inviable, pero para el votante promedio representan un escape para todo el enojo que han acumulado por la pésima gestión gubernamental y el deterioro en la calidad de vida que se percibe.

Así, ante adversarios que parecen pasmados, sin una estrategia clara y convincente de cara al ciudadano, pensando más en el propio López Obrador que en sus propias capacidades, con un ejército de activistas a su favor sin contrapesos en otras opciones políticas, el ex jefe de gobierno capitalino se mueve a sus anchas en la actual campaña electoral.

La imagen que lo presenta como el triunfador inevitable de la contienda por la presidencia, se mantiene ayudada por la falta de talento e imaginación de sus adversarios. Meade no deja de retarlo sin subir en los sondeos; Anaya no atina a responder sobre las acusaciones que se le hicieron, además de lucir cansado antes de que termine el primer mes de campaña y sin posicionar un tema a su favor; los supuestos independientes quedaron manchados por las irregularidades en la recolección de firmas, además de que Margarita Zavala parece más como aspirante a un cargo en el PAN, por tanto ataque contra Anaya, que en buscar la presidencia.

Parece mentira, pero luego de un par de décadas de estar en política, siendo no sólo el aspirante más conocido sino el más investigado, analizado y comentado, López Obrador tenga la capacidad de sorprender a sus adversarios y ganar la punta en una carrera que si bien aún no termina, si se ha convertido —hasta el momento— en un día de campo para el abanderado de Morena.

 

Del tintero

Cabría agregar que también López Obrador se ha convertido en un fenómeno que lleva votos a los candidatos que se coloquen bajo su sombra. Cómo en el 2000 con el efecto Fox, en 2018 también se podría hablar del efecto López Obrador. 

@AReyesVigueras