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Los fenómenos políticos

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Algunos hechos en el ámbito electoral se han querido presentar, recientemente, como auténticos fenómenos políticos, pero con la idea de reafirmar una idea más ligada a la propaganda que al descubrimiento de algo sorprendente en este terreno. La polémica acerca de si los ejemplos que comentaremos a continuación caen en esta categoría, es evidente. 

Política a la mexicana

Es claro que con tal de ganar, los equipos de campaña recurren a cualquier cosa. Un intento reciente tiene que ver con la construcción de la imagen de cierto candidato presidencial, presentándolo como un auténtico fenómeno político.

Para alguien que lleva, al menos, 24 años en campaña —un par de veces para gobernador, una para jefe de gobierno de la Ciudad de México y, con esta, tres presidenciales—, el conocimiento entre la población y la identificación con ciertos sectores sociales es algo mágico que obvio.

Pero presentar fotografías en las cuales la gente corre a abrazarlo o, en otras ocasiones, personas que lo besan o que buscan tocarlo —como alguna imagen bíblica sugeriría— y de ahí afirmar que se trata de un fenómeno político, quizá el más relevante de los últimos tiempos, hay una diferencia enorme.

En primer lugar, hay que precisar que se trata de recursos propagandísticos que tienen como objetivo atraer votantes, en especial aquellos en quienes el factor religioso puede tener peso a la hora de tomar una decisión.

En segundo, sabemos que dicho candidato tiene un eficiente equipo en redes sociales, mismo que no pierde oportunidad para sumar puntos a favor de dicho abanderado, por lo que imágenes como las que aquí comentamos sirven muy bien para sus propósitos.

Un fenómeno político sería algo extraordinario, un evento o personaje que se sale de la norma, de ahí su nombre, y que sorprende por su novedad.

Alguien que ha ocupado buena parte del escenario electoral los últimos 24 años, no puede calificarse como fenómeno político, aunque sí hay que reconocer su constancia para no aflojar el paso ante tantos obstáculos que ha tenido en su camino.

Que haya votantes que acepten esta versión, como antes aceptaron a un candidato que sabía cómo hacerlo o al otro que hizo de sacar al PRI de Los Pinos su bandera, sólo nos demuestra que a nuestros ciudadanos les hace falta analizar más a los prospectos para la presidencia.

Si este tipo de propaganda puede resultar efectiva, es algo que veremos el día de la votación, lo que sí es un hecho es que el porcentaje de electores que no darán su voto a “ya sabes quien” no se reduce, por lo que esperar que todos los indecisos inclinen su decisión hacia él, es un cálculo demasiado optimista, pues las otras opciones juegan y también hacen uso de este tipo de recursos.

Solo queda esperar a que un auténtico fenómeno se presente, hay tiempo para ello, y con su asistencia al actual proceso electoral cambie las tendencias, aunque sea un poco.

 

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Redes enredadas

Muchos seguidores de algunos candidatos presidenciales recurren a los insultos y a la agresión para acallar a los simpatizantes del bando contrario.

Esto que se ha hecho común en redes sociales, esconde un par de estrategias que se van delineando.

La primera tiene que ver con la intención de ganar terreno para que quede la idea de que un candidato va a ganar. Sembrar esta idea, en especial dirigida a los indecisos, es parte del plan para atraer viajes a una causa.

Pero también, aprovechando la táctica anterior, se presentan usuarios que acceden a diestra y siniestra, buscando defender a su candidato, generando un rechazo hacia éste, con lo que le alejan electores.

El problema es que es difícil distinguir con quién se está interactuando en redes, sobre todo al ver la cantidad de mensajes que envían a través de Facebook y Twitter, algo complicado de hacer para un ciudadano común y con un empleo que no está relacionado al mundo de las redes sociales.

Al parecer, en el equipo de “ya saben quién” no han revisado la actuación de muchos de sus activistas en redes, quienes se han convertido en verdaderos gatilleros en contra de quien piensa diferente. Es evidente que esto puede salirse de control y la parte que busca generar una imagen negativa —o incrementarla— puede acabar ganando la partida aprovechando el amplio sector anti AMLO que existe entre el electorado.

 

Del tintero

Algo curioso sucede en el actual proceso electoral. Las encuestas siguen presentando un porcentaje de entre 15 y 20% de entrevistados que no dan a conocer su preferencia de voto. Sin duda, se trata de un tema para reflexionar, pues se trata de un porcentaje de votantes que puede cambiar el resultado que ahora indican los estudios demoscópicos. 

@AReyesVigueras