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El fin de las ideologías

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Los recientes movimientos en los partidos políticos nacionales, ampliamente comentados en medios y redes sociales, demuestran que detrás de dichos cambios no existe una discusión de índole ideológica, sino la búsqueda de la satisfacción de ambiciones personales. La frontera que implicaba defender una idea en particular, se ha borrado ante los partidos en los que conviven lo mismo otrora ejemplos de la izquierda que representantes de la derecha.

 

No es crisol, es simple mezcla

El actual panorama político nacional nos ofrece un escenario que pocos hubieran anticipado hace pocos años. Alianzas entre partidos de izquierda y derecha, partidos que lo mismo aceptan a izquierdistas radicales que a representantes de un partido identificado con ideas de corte religioso, así como cambios de camiseta para formar grupos en los que se mezclan expanistas, expriístas, experredistas y alguno que otro que no había militado en alguna fuerza política.

            Esto representa un cambio en el sistema de partidos, el cual ha dejado de girar en torno al tema ideológico para tomar como eje la administración de candidaturas.

            Antaño, las discusiones al interior de los partidos tenían que ver con posiciones ideológicos, como ha sido el caso de la oposición a entablar un diálogo con el gobierno en el caso del PAN de los años 40, 50 y 60; la polémica por la inclusión en el artículo 3º constitucional del término “socialista” para referirse a la educación que impartiría el Estado; así como la oposición a la privatización de empresas administradas por el gobierno o su mantenimiento en polos que defendía o atacaban alguna de dichas posiciones.

            Pero ese tipo de debates dejaron de estar presentes en nuestro escenario político, para dar paso a descalificaciones al por mayor o acusaciones de toda índole, muchas veces sin sustento.

            Que los opositores en le Congreso de la Unión a Felipe Calderón en el pasado sexenio no cuestionaran desde el ámbito ideológico su gobierno, pero si hayan propalado la versión –falsa además– de que era alcohólico, retrata el nivel al que ha llegado nuestra política en los últimos años.

            Y es que no nos debe extrañar que se haya guardado la ideología en el baúl de los recuerdos para aprovechar el pragmatismo que está de moda.

            Que el enemigo acérrimo guarde las banderas que enarboló incluso por décadas por una candidatura, encima postulado por su enemigo del pasado, es algo que refleja el hecho de que los principios han dejado de importar, pues lo que interesa es alcanzar un cargo de elección.

            A esto se suman los abundantes casos de corrupción –al menos las sospechas de los mismos–, que se han dado a conocer recientemente y que involucran a miembros de todos los partidos. Este asunto refleja, también, en lo que se han convertido los partidos políticos: agencias de colocación en donde sobresale el patrimonialismo por sobre cualquier otro principio.

            Pero la pregunta que nos debemos hacer no es por qué han dejado de lado este tipo de aspectos, sino que efecto tendrá todo esto en el electorado.

            Si los partidos no gozan, de acuerdo a las encuestas, de la confianza ciudadana, este indicador debe estar todavía más abajo ante la corrupción que se está exhibiendo en medios y redes sociales, además de los brincos de un partido a otro por militantes que están buscando una candidatura.

            Los estudios de opinión que se han hecho acerca de las preferencias electorales, muestran porcentajes cercanos al 25% de los entrevistados que no manifiestan una intención de voto definida, dato al que debemos agregar el que muestra el rechazo por algún instituto político.

            Así, es de esperar que los votantes se abstengan de acudir a las urnas si los partidos continúan con militantes que privilegian sus propios intereses por sobre el bien común, además del poco incentivo que representa ver agrupaciones políticas que lo mismo mezclan a policías comunitarios, líderes sindicales cuestionados, expanistas, izquierdistas que admiran al líder de Corea del Norte, expriístas de todos los colores y familiares del candidato presidencial.

            Pese a la defensa de los incondicionales, es evidente que para muchos ciudadanos este tipo de prácticas no son la mejor invitación a depositar su voto por un partido como el descrito en el párrafo anterior, o por otro que se ha aliado con su adversario de la izquierda como único camino para retener una parcela de poder, o por la fuerza política de siempre, misma que demuestra una y otra vez que sus costumbres no cambian y que por eso tiene entre sus filas a más exgobernadores presos que ningún otro instituto político.

 

Del tintero

Empiezan a darse a conocer las listas plurinominales para la Cámara de Diputados y para legislativos locales. Lo que llama la atención en primera instancia, es que se presentan nombres de sobra conocidos para ocupar un lugar en el Legislativo, algo que demuestra lo cerrado que son los partidos –un tema poco reflexionado–, y que también ayuda a entender la movilidad que se da entre sus militantes para cambiar de partido para buscar una candidatura.

 

@AReyesVigueras