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La emoción dirige el voto

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En el contexto de la actual precampaña electoral –aunque en realidad se trate de la primera fase de las campañas electorales–, una consideración se ha estado repitiendo tanto por especialistas en estos temas como por analistas de fenómenos políticos. Se trata de los mensajes de los precandidatos –o candidatos de hecho, pero con disfraz–, que buscan el voto de los ciudadanos mediante recursos emotivos, razón por la que hemos visto a los abanderados en una peluquería, dejar a sus hijos en la escuela o comer una torta con las manos.

El motivo de lo emotivo

Mucho se ha dicho y escrito acerca de que la decisión del voto pasa por temas emotivos. Más allá de argumentos, los candidatos apelan a las emociones para ganar el voto. Es por esto que hemos visto mensajes –tanto en spots como en redes sociales–, en los que más que razones se ve a los aspirantes presidenciales en actos que buscan acercarlos más con los ciudadanos.

Comer una torta con las manos, llevar a los hijos al colegio, acudir a una peluquería como cualquier persona, forman parte de un guion en el que los abanderados partidistas buscan más la identificación con los votantes que darles argumentos para que voten por ellos.

También en este tenor, encontramos a muchos candidatos –quedamos que lo de precandidatos es pura simulación–, que buscan ofrecer una imagen atractiva para el ciudadano, ya sea porque un asesor así les ha indicado o porque han recurrido al maquillaje o al Photoshop.

Pero el votante también pone de su parte en este tema. En el 2000, fueron muchos los que sufragaron a favor de Vicente Fox porque era una buena persona o como era alguien rico no tendría necesidad de robar; en 2012, una parte del electorado comentaba lo guapo que era el candidato del PRI, además de recordar su boda con una actriz de telenovela y lo bonita pareja que eran.

En 2006 vivimos una elección polarizada al son de “es un peligro para México”, con lo cual se calificó al abanderado –en ese momento– del PRD, y un poco más atrás en la historia recordamos como en el 88 se calificó de “comunista” a Cuauhtémoc Cárdenas y de “violento” a Manuel J. Clouhtier por parte de sus rivales políticos.

Es decir, tenemos experiencia en eso de apelar a las reacciones emotivas para que se defina el voto a favor o en contra de alguien en particular.

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Los estudios que los especialistas llevan a cabo para los partidos, buscan no sólo conocer la cantidad de personas que estaría dispuestos a votar por un determinado candidato, sino también para encontrar la razón de esto. Es así que junto a las encuestas –que reflejan un aspecto cuantitativo– se desarrollan análisis acerca de que rasgo de la personalidad del abanderado atrae más a los votantes, con que se identifican con él y que buscan lograr mediante el voto.

Se trata de identificar cuestiones complejas con relación a la manera de decidir el voto, mucho de lo cual pasa no sólo por la identificación partidista, sino por una serie de factores que inciden en esta toma de decisiones.

El fenómeno de López Obrador es ilustrativo en este caso. Sus propuestas han sido rechazadas por académicos y analistas, no resisten una revisión seria, pero sirven para atraer a un grupo de electores a su causa, quienes ven en el tabasqueño alguien capaz de cambiar la situación por la que atraviesa el país.

Para poner un ejemplo concreto, su propuesta de que una vez que llegue al gobierno se acabará con la corrupción pues una vez en Palacio Nacional predicará con el ejemplo, pone a recordar a analistas lo sucedido a su paso por la jefatura de gobierno de la Ciudad de México –entonces Distrito Federal– con los casos de Gustavo Ponce, René Bejarano, Carlos Imaz y otros que no recibieron tanta atención por no haberse grabado en video.

Pese a que esta evidencia contradice la intención y la propuesta del abanderado de Morena, sus seguidores reviran señalando que a él no se le ha probado ningún caso de corrupción y que no le pueden probar nada porque no he recibido dinero sucio.

Es decir, puede más su imagen de ser el candidato que puede cambiar las cosas que cualquier acusación que sus adversarios políticos lancen en su contra o la evidencia que sus acciones pasadas puedan demostrar.

Así, la parte emotiva de muchos votantes que son partidarios de López Obrador hace que no piensen cambiar el sentido de su sufragio, incluso llegando a niveles que sólo son comparables con los fieles de alguna religión.

 

Del tintero

En una escena sacada de un cuento, quizá digno de Juan Rulfo, un adulto mayor sube al Metrobus de la Ciudad de México y lanza su proclama: “Si eres hijo del Diablo, vota por el PRI o por el PAN; López Obrador es el único que se preocupa por el Pueblo. Él tiene tres enemigos: los idiotas, las ratas coludas y los empresarios”. A la siguiente estación, desciende del camión dejando a todos pensando acerca de si era real lo que acababan de ver o si se trata de un spot en vivo.

 

@AReyesVigueras