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Precampañas: ¿útiles o pura simulación?

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A un mes de que terminen las precampañas, es posible empezar a evaluar a esta figura electoral, en el marco del actual proceso electivo para renovar miles de cargos de elección. Considerando que los reflectores están sobre los aspirantes presidenciales, se puede tomar en cuenta lo que sucede con ellos para considerar si este tipo de recursos debe continuar en nuestro actual sistema político.

Simulando

Las precampañas fueron ideadas para que los partidos políticos eligieran a sus candidatos. Esta figura se pensó para que las contiendas internas estuvieran debidamente reguladas, y los aspirantes tuvieran acceso equitativo a los tiempos oficiales en medios de comunicación a través de los spots, así como a una adecuada fiscalización.

En 2006 y en 2012, al menos en el PAN, las precampañas cumplieron con su objetivo y hubo competencia interna con tres precandidatos que recorrían el país y tenían debates en busca del voto de los militantes.

Pero en 2018 el escenario cambió. A las precampañas llegan candidatos únicos tratando de simular un juego interno para obtener la candidatura, en la búsqueda de aprovechar los tiempos oficiales –es decir, los spots–, sin importar que ya se conoce el resultado final de todo esto en cada instituto político.

Es decir, se mantiene una fase del proceso electoral que buscaba incentivar la democracia interna en los partidos, a la manera en que en otras latitudes se realizan las elecciones primarias para definir a sus respectivos candidatos, algo que no sucede en México.

Pero lejos de que la autoridad electoral cancele las precampañas, a la vista de que a tal etapa llegan únicamente precandidatos únicos –lo que aleja la posibilidad de una competencia interna–, permite que haya una simulación y los aspirantes aprovechen la oportunidad y se enfoquen en ganar más presencia entre la ciudadanía o mantener su ventaja en las encuestas.

Y es que no hay que dejar de revisar que las aspiraciones adelantadas de buena parte de nuestra clase política, con anuncios años antes de los comicios del puesto que buscarán, ha provocado que se disfracen las candidaturas de distintas maneras.

Los informes de labores de legisladores que desean brincar –a la usanza de los chapulines políticos– a otra posición, se usan para darse a conocer y ganar espacios en medios y redes sociales con la mira puesta en alcanzar una popularidad tal que le permita ganar la candidatura fácilmente.

Asimismo, el hecho de que las votaciones de los militantes se hagan de lado, en aras de favorecer otros mecanismos para definir –que no elegir– a quien será el candidato, nos muestra la manera en que se han perdido estas prácticas en los propios partidos.

Que encuestas, acuerdos políticos, mesas de negociación o simples dedazos sean ahora las formas para designar a quienes representarán a los partidos en las elecciones, nos indica la manera en que nuestra democracia se ha visto enfrentada a uno de sus mayores riesgos: la pérdida de confianza de parte de los ciudadanos.

En resumen, en los tres frentes partidistas que se crearon para competir por la presidencia de la república ya están definidos los candidatos, por lo que las precampañas sólo se están aprovechando para dar a conocer a Anaya y a Meade, y en el caso de López Obrador para permitirle seguir manteniendo su posición en las encuestas y marcar la agenda con sus propuestas.

Así, la competencia interna –al menos en el ámbito de la candidatura presidencial–, es completamente nula y no se ve alguna idea para que las precampañas no se presten a la simulación que vivimos actualmente.

En su defensa, los partidos pueden decir que la puerta estaba abierta para que se inscribiera quien quisiera, pero todos sabemos que tanto en Morena como en el PRI y el PAN nadie se iba a prestar a un juego que estaba perdido de antemano o a ser comparsa en una farsa que no terminaría bien para el acompañante.

Lo llamativo es que los actuales precandidatos únicos no se preocupan por esta situación y mantienen sus actividades como si no supieran que en realidad la campaña electoral se dividió en dos partes y de diciembre de 2017 a febrero de 2018 tendríamos la primera etapa, para un receso y volver a las andadas en marzo de este año, luego del receso de semana santa.

Es decir, saben que se encuentran en un proceso que intenta simular la competencia interna pero no dejan de hacerlo. Se trata de un adelanto de que nos espera si alguno de estos tres gana las elecciones.

 

Del tintero

En la Ciudad de México, las precampañas –al menos la de Por México al Frente–, está dando resultados y podría ofrecer una candidatura competitiva ante la abanderada de Morena. Aquí es contraste es notorio respecto a lo que sucede en la presidencial, algo que los ciudadanos empiezan a notar.

 

@AReyesVigueras