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Luchas al interior de los partidos

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Lo que está sucediendo en el PAN y Morena, no es algo que sea nuevo pues en anteriores ocasiones hemos asistido a presenciar luchas intestinas en los diversos partidos de nuestro sistema político. En un ámbito en el que muchos de sus integrantes se mueven más por la ambición que por las convicciones, es normal que se expresen públicamente este tipo de peleas, pues por lo regular los protagonistas pueden cambiar de bando, dejando el desprestigio en manos de los partidos y quienes se quedan en ellos.

Batallas y sus sombras

En las últimas semanas le ha tocado el turno al PAN y a Morena escenificar peleas en su interior. El tema de fondo, en ambos casos, es la lucha por el poder, ya sea una candidatura o el control del partido.

En el caso del PAN, la candidatura presidencial sigue enfrentando a dos grupos que buscan ganar una batalla y obtener el premio, sin importar que acaben con las posibilidades del partido para 2018.

Si bien el blanquiazul no se ha caracterizado a lo largo de su historia por la disciplina de sus integrantes –pues un gran número de ellos piensa que la libertad individual es uno de los valores que defienden–, no se había llegado a tal grado de enfrentamiento como el que presenciamos la semana pasada con la elección de Ernesto Cordero como presidente del Senado.

Para el grupo de legisladores azules que apoyan al nuevo presidente de la Cámara Alta, se trata de cumplir con un compromiso que tienen como senadores, sin importar que contradigan lo expuesto por el partido a través de su presidente, como tampoco importa para ellos que la propuesta para que el exsecretario de Hacienda ocupara dicha posición proviniera del PRI.

Más tarde, Roberto Gil compararía a Ricardo Anaya con “un dictador venezolano”, sin importar que la imagen que proyectan tanto él como sus adversarios internos –como Fernando Herrera o Jorge Luis Preciado–, no es la de un instituto político que pueda representar una opción, sino que se trata de un grupo que buscan el poder a toda costa.

Por cierto, que memoria tan corta la de los senadores rebeldes azules, pues se olvidan que al expresidente de la república que apoyan –y quien seguramente está de detrás de ellos–, también se le acusó de expulsar a sus adversarios internos –como a Manuel Espino– e imponer no sólo decisiones al interior del Partido, sino también a presidentes del mismo –como Germán Martínez y César Nava–, pero su lucha no es por corregir errores del pasado, sino por asegurar posiciones en el futuro.

En otra fuerza política en la que también hay una lucha por el poder es en Morena. Una encuesta mediante la cual se definiría el candidato a la jefatura de gobierno de la Ciudad de México, enfrentó a Ricardo Monreal con lo que él llamó la “nomenklatura” en dicho partido.

La ganadora de la cuestionada encuesta, Claudia Sheinbaum le mandó un mensaje a Monreal en video en el que le dice que “hay que saber perder”, a lo que se sumó más tarde unas palabras del máximo líder del partido, Andrés Manuel López Obrador, quien aseguró que a muchos les da calentura por las candidaturas.

Esto es el contexto de lo que se prevé –al menos al momento de redactar estas líneas, pues no se ha hecho oficial– la salida de Monreal de Morena y su posible participación en la elección del 2018 como parte de un Frente en el que participen varios partidos en su postulación.

Los efectos de esta salida, así como la manera en que se están dando las cosas al interior de Morena, reflejan que no todos comparten las convicciones de una lucha democrática, sino las formas de una pelea callejera para quedarse con el botín.

Ahora bien, estas han sido las últimas peleas al interior de partidos que buscan competir con éxito en el 2018, pero no son las únicas. En el PRI, hemos visto como Ivonne Ortega y otros militantes se han quejado de la forma en que se va a postular al candidato presidencial, a la vez que en el PRD hemos podido apreciar la manera en que se dirimen las diferencias, muchas veces hasta llegar a tribunales.

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Los partidos políticos mexicanos se han convertido en grupos en los cuales las mañas o las trampas para asegurar el control de los mismos, se han convertido en las herramientas principales de la participación de sus militantes, dejando de lado la formación o la discusión ideológica para generar propuestas.

Pensando a futuro, dado que lo que aquí reseñamos no tiene visos de detenerse, sería bueno pensar en impulsar más candidaturas independientes o, de plano, quitarles los incentivos para los militantes dejen de pelear por lo que consideran un botín.

Del tintero

Por cierto, ¿qué dice la autoridad electoral de tantas peleas y confrontaciones en los partidos, no tiene facultades para hacerlos entrar al orden? Aunque si vemos los problemas que tiene el propio INE, que baila al son que le tocan los propios partidos, no podemos esperar algo de ayuda en este sentido.

 

@AReyesVigueras