Diez millones
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En medio de la tragedia por los daños y las pérdidas humanas causadas por el sismo del pasado 19 de septiembre, una iniciativa recorre las redes sociales. Bajo una etiqueta en la que se resume todo en 4 palabras, la ciudadanía muestra de nueva cuenta su inconformidad por el derroche que significa dar un presupuesto millonario a los partidos políticos.

Reducir presupuesto

La democracia mexicana es una de las más caras del mundo. Esta idea se sustenta, sobre todo, en la cantidad de recursos que los partidos políticos reciben anualmente, incluso sin que sea época de elecciones.

Y dada la poca eficacia que los institutos políticos han demostrado, además de los constantes casos de corrupción en los que se ven envueltos, muchos ciudadanos piensan que sería preferible reducir su financiamiento público para emplear esos recursos en algo más importante.

Pedro Kukamoto, diputado local independiente en Jalisco, fue de los primeros en presentar una iniciativa para modificar la forma de calcular el financiamiento para los partidos, secundado por otro legislador independiente, Manuel Clouthier, en la Cámara de Diputados.

Se trata de propuestas que buscan que el dinero que se les entrega a los partidos vía prerrogativas, se reduzca en la medida que es considerado algo no sólo oneroso, sino injustificado.

En Sinaloa, el recién electo gobernador, Quirino Ordaz también planteó reducir el financiamiento a los partidos, en particular en años en los que no haya elecciones, con la idea de reducir poco más de 30% el monto destinado a las fuerzas políticas.

Esto demuestra que dicha demanda ciudadana empieza a encontrar respuesta en algunas instancias, por lo que es posible prever que en las elecciones del próximo año este tema se convierta en una bandera de campaña.

Pero no hay que esperar tanto para esto, pues en la coyuntura por el sismo del pasado 19 de septiembre, ha surgido una propuesta para que los recursos financieros que se destinan al funcionamiento de los partidos pueda ser utilizado en la reconstrucción de las zonas dañadas.

Se trata de una demanda que ya se ha expresado a través de las redes sociales, algo que para mucha gente no sólo es necesario, sino justo en la medida que se considera que el dinero que reciben los partidos —y que proviene de nuestros impuestos— debería servir para fines más provechosos.

Y no se trata de la única propuesta que busca que los aparatos partidistas reciban menos dinero o que se les corte el financiamiento público.

En el Senado, legisladores como Roberto Gil o Francisco Búrquez han planteado la necesidad de disminuir o eliminar el presupuesto destinado a los institutos políticos. El primero, basa su propuesta en la necesidad de responder mejor a otras necesidades más apremiantes, como el combate a la pobreza, en tanto que el segundo justifica su proposición en que los propios partidos, a través de sus militantes, deben financiarse sin quitar recursos al Estado.

Lo anterior, ha avivado el debate acerca de la conveniencia de seguir financiando a los partidos por parte del INE, pues los defensores de este modelo argumentan que no se debe permitir la intromisión de intereses empresariales o del crimen organizado en éstos, a grado tal que pudieran hacer ganar a un candidato afín a sus intereses.

Pero ante la realidad que vive el país, la idea de que los partidos vivan más de sus recursos, reduciendo el monto de sus nóminas y renunciando a muchos de los privilegios que tienen sus directivos —como pago de celular, choferes, asesores, sueldos elevados, viáticos—, es algo que ya se ha convertido en una demanda social.

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Así, veremos la resistencia interna en los propios partidos, además de un debate que se puede prolongar hasta la campaña electoral de 2018, pues los intereses y los negocios a defender alrededor de lo que parece más un negocio por las candidaturas y los cargos de elección harán que se busque la manera de retrasar o no tomar la decisión, la cual debe pasar por una modificación legal al ordenamiento vigente, algo que podría retrasarse en el Congreso.

No es un tema fácil, al menos para los líderes partidistas y sus grupos, acostumbrados a vivir del presupuesto público con varios privilegios —cuestión de observar que sucede cuando sale un nuevo modelo de celular de la marca de la manzanita y como los directivos de los partidos piden uno—, pues abrazar la idea de reducir o eliminar el presupuesto que reciben, por la manera discrecional con la cual lo manejan, da cuenta que su concepto del financiamiento público es uno más cercano al uso privado que para los fines que marca la ley.

En tanto la iniciativa toma fuerza entre la ciudadanía, y se presenta como tema de campaña, será interesante observar que políticos aprovechan la coyuntura y quienes prefieren mirar para otro lado.

Del tintero

Y en todo esto, entra la polémica por la oferta de Morena de destinar parte de sus recursos a la reconstrucción, algo que para algunos es oportunismo político —con el añadido que son recursos etiquetados que por ley no pueden usarse en otros fines—, en tanto que para otros es una forma de retribución.

 

@AReyesVigueras