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Echarle gasolina al fuego

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Estamos ante una maniobra de redistribución del ingreso regresiva: se favorecen las ganancias de un sector reducido de empresarios y los privilegios de un gasto irresponsable de gobierno

Ya confesado por el Presidente de la República, estamos ante la justificación más irresponsable de las medidas de gobierno que caracterizan a los regímenes priístas de la historia, y que tienen como objetivo sacrificar el bienestar de la sociedad por los intereses de privilegio a los que han servido, al sostener que la medida de incrementar el precio de la gasolina es “dolorosa... pero necesaria”, al más puro estilo de Luis Echeverría, José López Portillo, Miguel de la Madrid y Carlos Salinas, sólo le faltó decir que los reclamos que están incendiando al país ni los ve ni los oye, y háganle como quieran, que en el lenguaje gestual, fue lo que realmente estaba comunicando en su primer mensaje del año.

¿En qué mente del gobierno de Enrique Peña Nieto cabe la idea de golpear la economía de los mexicanos, cuando más del 75 por ciento de ellos reprueba su desempeño?, ¿es posible tanto la desconexión de los que gobiernan al país de esta realidad de rechazo?, ¿para quiénes gobierna el actual gobierno federal? ¿Cuál es el objetivo real de esta medida de incrementar desproporcionadamente el precio de la gasolina?

El problema que está atrás del incremento a las gasolinas, no es que su precio esté subiendo a nivel internacional y era insostenible seguir con los mismos precios en el país, porque esto inhibiría las inversiones nacionales y extranjeras en la distribución y venta de los hidrocarburos, como lo sostuvo Peña Nieto en su primer mensaje del año; no es tampoco el incremento del dólar lo que está encareciendo a la gasolina, que hace más cara su importación de la que depende poco más del cincuenta por ciento del consumo en el país, tampoco el quitarle a los mexicanos más de cuatro pesos por litro de impuestos para financiar el irresponsable y voraz gasto de gobierno.

Para el gobierno de Peña Nieto, la razón del incremento de la gasolina es la preservación de la economía, que no es otra cosa que decir que su prioridad es mantener los privilegios de obtención de ganancias para la inversión y obtener el dinero para el rapaz consumo de gobierno a costa del bolsillo de los mexicanos, es decir, estamos ante una maniobra de redistribución del ingreso regresiva del país, con la que favorece las ganancias de un sector reducido de empresarios y los privilegios de un gasto irresponsable de gobierno; la prioridad no es el equilibrio de la economía, sino redistribuir la riqueza quitándole a la mayoría en beneficio de una minoría.

La medida mantiene acciones de rechazo en casi todos el país, bloqueos carreteros y a gasolineras, vandalización y manifestaciones convocadas por redes sociales y en las que principalmente participan ciudadanos y trabajadores transportistas, incluso algunos sectores empresariales han expresado su desacuerdo con la medida.

Llama poderosamente la atención, en este sentido, o contra sentido del gobierno federal, la inacción, pasividad y silencio, del responsable de la política interna del país. El secretario de Gobernación ha brillado, pero por su ausencia en el conflicto del vandalismo que crece de manera insospechada por el trafico de las redes sociales, y es justo ahí donde él ha hecho tres pronunciamientos, sí, el secretario Osorio Chong reduce su participación en la política de seguridad a tres tuits, lo que tiene sin duda variadas interpretaciones.

Espero, como mexicano, que la inacción del gobierno federal, no nos lleve, como en otros tantos conflictos nacionales de tardía reacción gubernamental, a la lamentación colectiva, y al caos colectivo generalizado.

El país no está para bollos, como coloquialmente se dice, y aunque el presidente Peña Nieto haya mostrado en su mensaje una serenidad de alteza, la medida no sólo pone en riesgo el fin, porque con las numerosas e inéditas manifestaciones en todo el país, no sólo está en riesgo la estabilidad social, sino la económica que tanto quiere Peña Nieto, quien sólo está echándole gasolina al fuego.